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Arzobispo de Mérida acompañó a la Iglesia tachirense en la misa exequial de Monseñor Mario Moronta

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La Iglesia tachirense despidió este viernes a su obispo emérito, Monseñor Mario del Valle Moronta, en una solemne misa exequial concelebrada por el Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor Alberto Ortega, y el Arzobispo de Mérida, Monseñor Helizandro Terán, cuya presencia, como metropolitano de la provincia eclesiástica, subrayó el vínculo de comunión y sinodalidad entre las diócesis hermanas

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(08-08-2025) En un ambiente de recogimiento y profunda fe, la Iglesia que peregrina en el Táchira despidió a su obispo emérito, Monseñor Mario del Valle Moronta Rodríguez, cuyos restos reposan desde este viernes a los pies del Cristo de Limoncito, en la Iglesia Sagrario Catedral. El deseo de descansar en ese lugar, manifestado por el pastor en vida, se cumplió al término de una semana de honras fúnebres.

El féretro fue acompañado por centenares de fieles, clero, religiosos y autoridades civiles en un recorrido por la Plaza Juan Maldonado, en medio de homenajes y oraciones.

La misa exequial estuvo presidida por el obispo de San Cristóbal, Monseñor Lisandro Rivas, y concelebrada por el Nuncio Apostólico en Venezuela, Monseñor Alberto Ortega Martín, y por el Arzobispo de Mérida, Monseñor Helizandro Terán, junto a más de veinte obispos de distintas diócesis del país.

La presencia de un metropolitano

La participación de Monseñor Helizandro Terán, Arzobispo Metropolitano de Mérida, tuvo un significado especial. La Diócesis de San Cristóbal forma parte de la Provincia Eclesiástica de Mérida y, conforme al canon 431 §1 del Código de Derecho Canónico, las iglesias particulares se agrupan en provincias para fomentar la acción pastoral común y estrechar los lazos entre los obispos.

El metropolitano, en este caso Monseñor Terán, ejerce una función de comunión con las diócesis sufragáneas, pudiendo participar de manera destacada en actos litúrgicos solemnes como esta eucaristía exequial, en expresión de la unidad de la Iglesia y del acompañamiento fraterno.

Su presencia junto al clero tachirense fue un signo de cercanía entre las diócesis hermanas y de comunión con la Iglesia universal, manifestada en la oración y en el consuelo a los fieles en un momento de dolor y esperanza.

Un adiós marcado por la fe

Durante la homilía, Monseñor Lisandro Rivas resaltó que Monseñor Moronta “amó a la Iglesia en plenitud, promoviendo la formación laical y ministerial al servicio del Reino de Dios” y lo describió como un pastor con olor a oveja, siempre cercano a su pueblo.

Monseñor Moronta, V obispo de la diócesis de San Cristóbal, quien sirvió durante 25 años a la Iglesia tachirense, partió a la Casa del Padre el pasado 4 de agosto, día de San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes. Recibió en sus últimas horas la unción de los enfermos y la indulgencia plenaria, afrontando la muerte con serenidad y esperanza.

La misa de cuerpo presente fue un reflejo de la riqueza de la tradición católica y de la dimensión colegial del episcopado. La presencia conjunta del metropolitano, del nuncio apostólico y de los obispos de todo el país mostró que, incluso en el dolor, la Iglesia es madre que acompaña y abraza a sus hijos.

Al concluir la celebración, los restos de Monseñor Moronta fueron colocados en el lugar escogido por él, bajo la mirada serena del Cristo de Limoncito, donde descansará hasta el día de la resurrección.