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Con el corazón dispuesto al servicio y la misión, los hermanos Robert, José David y Enmanuel recibieron el diaconado en la Catedral de Mérida, comprometiéndose a anunciar la Palabra y vivir la caridad de Cristo
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(20-09-2025) Con un ambiente de fe y alegría, la Iglesia en Mérida vivió, este sábado 20 de septiembre, la ordenación diaconal de Robert Newman Belandria, LC; José David Romero Ramírez, LC; y Enmanuel José Toro Ramírez, LC, miembros de la Congregación de los Legionarios de Cristo.

La solemne celebración tuvo lugar en la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada Concepción, y fue presidida por Monseñor Helizandro Terán, O.S.A., Arzobispo Metropolitano de Mérida, acompañado de sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y fieles que colmaron el templo.
Durante la ceremonia, los candidatos respondieron “Presente” al ser llamados por su nombre, manifestando su disposición a recibir el ministerio. Después de prometer obediencia y consagrarse al servicio de la Iglesia, se postraron en oración mientras la asamblea entonaba las letanías de los santos.
El momento central llegó con la imposición de manos y la plegaria de ordenación del arzobispo, gesto con el que quedaron constituidos diáconos de Cristo y de la Iglesia. Luego, recibieron los ornamentos propios de su ministerio –la estola cruzada y la dalmática–, así como el Evangelio, signo de su misión de anunciar la Palabra de Dios.

En su homilía, Mons. Terán expresó que la ordenación “es más que una alegría, es una gracia y una bendición que Dios concede a la Iglesia y, en particular, a los Legionarios de Cristo”.
Recordó a los nuevos diáconos que su vocación no es fruto de méritos personales, sino del llamado gratuito de Dios: “Lo mejor que puede salir de sus corazones en este momento es una acción de gracias profunda al Señor. Él los ha llamado y les confía este ministerio”.
Asimismo, les exhortó a vivir las tres funciones propias del diaconado: el servicio de la caridad, el servicio de la Palabra y el servicio del altar. “Recuerden —dijo— que los pobres son sacramento vivo de Cristo; servirles es atender al mismo Señor”.

Finalmente, el Arzobispo les animó a mantener una vida de oración constante: “No basta solo con el rezo del oficio divino, sino que es necesario dedicar tiempo para encontrarse profundamente con Cristo, que es la razón de nuestra vida consagrada”.
La celebración con un canto de acción de gracias, en el que la asamblea expresó su gratitud a Dios por el don de estas vocaciones.

Con la ordenación diaconal, los hermanos Robert, José David y Enmanuel dan un paso importante en su camino hacia el sacerdocio, respondiendo con generosidad al llamado del Señor.