Visitas: 2
Por Padre Edduar Molina E.
(15-12-2025) El Papa León XIV realizó su primera visita apostólica. Desde el pasado 27 de noviembre hasta el 2 de diciembre de 2025, visitó dos países claves en la historia del cristianismo y en el anhelo del equilibrio de Oriente Medio: Turquía y Líbano.
Un itinerario lleno de símbolos, encuentros y gestos de fraternidad en el que se reafirma el papel de la Iglesia como constructora de puentes en una época marcada por divisiones y conflictos en territorios de elevada hostilidad.
El sucesor de Pedro vuelve a las raíces del cristianismo, elige a Turquía como su primer destino para conmemorar los 1700 años de haberse celebrado el Concilio de Nicea, raíz común de todas las confesiones cristianas.
Una peregrinación no solo de homenaje al pasado, sino de compromiso para reencontrar lo que nos une a todos, la fe en Cristo Jesús, camino de unidad, diálogo y escucha.
Vimos al Papa agustino en Ankara y Estambul siendo recibido por sus autoridades con ceremonias oficiales y encuentros con muchas personas, en las que resaltó la riqueza de la espiritualidad compartida por siglos en las iglesias patriarcales, bajo el escenario de las catedrales ortodoxas, armenias y católicas.
En ellas el Papa dialogó y rezó con representantes de distintas tradiciones, recordando que la unidad no es uniformidad, sino armonía. Unido a la dimensión comunitaria en la que mostró su rostro más auténtico, el hermano que abre su corazón a la compasión y la cercanía de culturas diferentes.
El papa León XIV ha querido celebrar el histórico concilio que dio vida a nuestra fe, con su visita y la promulgación de la exhortación apostólica “In unitate fidei” (En la unidad de la fe), promulgada el pasado 23 de noviembre.
Un texto que comienza destacando el credo que se aprobó en dicho concilio para “alentar en toda la Iglesia un renovado impulso en la profesión de la fe, cuya verdad, que desde hace siglos constituye el patrimonio compartido entre los cristianos, merece ser confesada y profundizada de manera siempre nueva y actual”.
Resaltó que Nicea (325) proclamó la profesión de fe en Jesucristo, Hijo de Dios. Este es el corazón de la fe cristiana. “Una verdad de fe que nos da esperanza en los tiempos difíciles que vivimos, en medio de muchas preocupaciones y temores, amenazas de guerra y violencia, desastres naturales, graves injusticias y desequilibrios, hambre y miseria sufrida por millones de hermanos y hermanas nuestros.
Estamos llamados como aquellos padres conciliares a que el único y verdadero Dios no es inalcanzablemente lejano a nosotros, sino que, por el contrario, se ha hecho cercano y ha salido a nuestro encuentro en Jesucristo, que es Dios verdadero”.
Después de Turquía, el viaje continuó su itinerario misionero a Líbano, símbolo de convivencia entre culturas y religiones. Este país es el símbolo del nuevo tiempo bíblico: crisis económica, inestabilidad política, creciente emigración. En este contexto, la visita del papa León XIV representó un soplo de esperanza para su gente.
En Beirut, miles de jóvenes lo recibieron en la plaza del Patriarcado de Antioquía de los Maronitas. En medio de un ambiente alegre, el Papa les habló con palabras sencillas:
“Queridos jóvenes, quizá lamenten haber heredado un mundo desgarrado por guerras y desfigurado por injusticias sociales. Y, sin embargo, en ustedes reside una esperanza, un don, que a nosotros adultos parece escapársenos. Ustedes tienen tiempo para soñar, organizar y realizar el bien. ¡Ustedes son el presente y en sus manos ya se está construyendo el futuro!”.
Un momento particularmente conmovedor fue la oración silenciosa en el Beirut Waterfront, lugar simbólico de renacimiento tras las heridas de la violencia de 2020.
En aquella inmensa asamblea al aire libre, el Papa pronunció un vibrante llamamiento a la paz y a la reconciliación, con estas palabras: “Cada uno debe poner de su parte y todos debemos unir nuestros esfuerzos para que esta tierra pueda recuperar su esplendor.
Y solo hay una forma de hacerlo: desarmemos nuestros corazones, dejemos caer las armaduras de nuestras cerrazones étnicas y políticas, abramos nuestras confesiones religiosas al encuentro mutuo, despertemos en lo más profundo de nuestro ser el sueño de un Líbano unido, donde triunfen la paz y la justicia, donde todos puedan reconocerse hermanos y hermanas”.
La visita a un hospital, en la periferia capitalina, con su abrazo a un niño herido y a su madre, fue uno de los gestos que más impresionó a la opinión pública local, testimoniando de este modo sus palabras sobre la profesión de fe: “El Credo de Nicea nos invita entonces a un examen de conciencia, ya que si Dios nos ama con todo su ser, entonces también nosotros debemos amarnos unos a otros”.
Mérida, 11 de diciembre de 2025.