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Domingo de la Palabra de Dios: la Escritura como guía de nuestra vida

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Prensa Arquidiócesis de Mérida/ Departamento de Animación Bíblica de la Pastoral

El Domingo de la Palabra de Dios, que la Iglesia celebra cada año en el III domingo del tiempo ordinario, es una iniciativa profundamente pastoral que busca renovar en el Pueblo de Dios la conciencia de la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida cristiana. No se trata únicamente de dedicar un día a la Biblia, sino de ayudar a comprender que la Palabra de Dios es fundamento de la fe, alimento espiritual y guía permanente para la vida personal y comunitaria de la Iglesia.

La Palabra de Dios no es una realidad estática ni un texto del pasado. Es una Palabra viva, actual, eficaz, que atraviesa el tiempo y sigue interpelando el corazón de los creyentes. Como nos recuerda la tradición viva de la Iglesia, Dios continúa hablando hoy a su pueblo, y lo hace de manera privilegiada a través de la Sagrada Escritura proclamada, escuchada, meditada y vivida en la liturgia y en la vida cotidiana.

En esta VII edición del Domingo de la Palabra de Dios, el lema elegido,“La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16), nos invita a profundizar en la relación íntima entre la Palabra y la vida del creyente. San Pablo no habla de una escucha ocasional o superficial, sino de una Palabra que “habita”, que permanece, que encuentra un lugar estable en el corazón y transforma desde dentro a la persona y a la comunidad.

Permitir que la Palabra de Cristo habite en nosotros implica una actitud de apertura y docilidad. Significa acogerla no solo con el oído, sino con el corazón; dejar que ilumine nuestra manera de pensar, nuestras decisiones, nuestras relaciones y nuestro compromiso con los demás. La Palabra, cuando es verdaderamente acogida, se convierte en criterio de vida, en fuente de discernimiento y en impulso para la misión.

La celebración del Domingo de la Palabra de Dios nos recuerda también que la Iglesia es, ante todo, una comunidad que escucha. Antes de anunciar, la Iglesia escucha; antes de hablar al mundo, se deja interpelar por la voz de Dios. Por eso, la liturgia dominical se convierte en un lugar privilegiado donde Cristo mismo se hace presente y habla a su pueblo, alimentándolo con la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía.

Este día es, además, una invitación a redescubrir la dimensión comunitaria de la Palabra. La Escritura no se vive de manera aislada, sino en el seno de la Iglesia. Compartir la Palabra, meditarla en grupo, orar con ella y confrontar la propia vida a la luz del Evangelio fortalece la comunión e impulsa a una fe más madura y comprometida.

Asimismo, el Domingo de la Palabra de Dios nos llama a renovar nuestra responsabilidad pastoral: promover el amor a la Sagrada Escritura en las familias, en la catequesis, en los movimientos, en la vida consagrada y en todos los ámbitos de la vida eclesial. La Biblia debe ocupar un lugar visible y significativo, no solo en los templos, sino también en los hogares y en la vida diaria de los fieles.

Que esta celebración sea una oportunidad para volver a la fuente, para abrir de nuevo la Biblia con reverencia y confianza, y para dejarnos transformar por la Palabra de Cristo. Que ella habite verdaderamente en nosotros, renueve nuestra fe, fortalezca nuestra esperanza y nos impulse a vivir con mayor coherencia el Evangelio que profesamos.