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Fue consagrado el altar de la Basílica Menor San Buenaventura de Ejido

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La Basílica Menor San Buenaventura celebró la consagración de su altar, un signo sagrado que recuerda a los fieles que Cristo es el verdadero altar y que la Eucaristía compromete a vivir una fe encarnada en el amor a Dios y al prójimo

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(26-01-2026) El domingo 25 de enero se celebró la solemne consagración del altar de la Basílica Menor San Buenaventura, un acontecimiento de gran significado espiritual para la comunidad parroquial y para la Arquidiócesis de Mérida.

La Santa Eucaristía fue presidida por Monseñor Helizandro Terán, Arzobispo Metropolitano de Mérida, y concelebrada por el padre Pablo Olivo León, párroco de la Basílica, junto a sacerdotes del clero arquidiocesano.

Numerosos fieles participaron con recogimiento y alegría en esta celebración, que marca un paso importante en la vida litúrgica del templo.

La consagración del altar se realizó luego de las reparaciones y trabajos de restauración del templo, y forma parte de la preparación inmediata para la Misa de Elevación a Basílica, incorporando los signos propios que distinguen a una iglesia basilical.

Una profunda catequesis sobre el altar y la Eucaristía

Durante su homilía, Monseñor Helizandro Terán ofreció una profunda reflexión teológica y pastoral sobre el significado del altar en la tradición cristiana. Recordó que Cristo es al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar, tal como lo presenta la Sagrada Escritura, especialmente la Carta a los Hebreos y el Libro del Apocalipsis.

El arzobispo destacó que, por el Bautismo, todos los fieles han sido constituidos sacerdotes de su propia vida, llamados a ofrecer a Dios no sacrificios materiales, sino el sacrificio espiritual de la entrega cotidiana, del amor y del servicio a los demás.

En este sentido, subrayó que cada cristiano ofrece su vida “en el altar de su propio corazón”, uniéndola al único sacrificio redentor de Cristo que se actualiza en la Eucaristía.

Monseñor Terán explicó que esta unión entre el sacrificio de Cristo y el de los fieles tiene lugar de manera plena en la Santa Misa, celebrada sobre el altar, donde Cristo asume las ofrendas del pueblo por la acción del Espíritu Santo, formando una sola oblación.

Participar consciente y activamente en la Eucaristía, afirmó, compromete a los fieles a vivir una vida marcada por el amor a la voluntad de Dios y al prójimo.

Ritos propios de la consagración del altar

El rito de consagración incluyó la aspersión con agua bendita, en recuerdo del Bautismo y como signo de purificación; la oración de las Letanías de los Santos, invocando la intercesión celestial por la Iglesia; y la colocación de la reliquia de Santa Carmen Rendiles en el altar.

La reliquia fue entregada por la Congregación de las Siervas de Jesús, de manos de su Madre General, María Eugenia Noreña. La presencia de reliquias en el altar es un signo propio y antiguo de la tradición de la Iglesia, especialmente significativo en las basílicas, ya que expresa la comunión con los santos y recuerda que la Iglesia se edifica sobre el testimonio de quienes entregaron su vida por Cristo.

Posteriormente, el altar fue ungido con el santo crisma, incensado como signo de veneración, revestido con los manteles y adornado con luces y flores, recordando que el altar es a la vez lugar del sacrificio y mesa del banquete eucarístico, donde el pueblo de Dios se alimenta del Cuerpo y la Sangre del Señor.

Acción de gracias y llamado a la oración

Al finalizar la comunión, el Padre Pablo Olivo León dirigió unas palabras de agradecimiento a todos los presentes, expresando de manera especial su gratitud a Monseñor Helizandro Terán por su cercanía pastoral, fidelidad y disponibilidad constante con el pueblo de Dios. Asimismo, agradeció a quienes colaboraron de diversas maneras en la restauración del altar y del templo.

Finalmente, invitó a la comunidad a seguir acompañando este proceso con la oración, para culminar el camino que hoy hace posible la tan esperada Elevación a Basílica, como signo de fe viva y compromiso eclesial.

La consagración del altar de la Basílica Menor San Buenaventura queda así como un llamado permanente a que cada fiel haga de su propia vida una ofrenda agradable a Dios, unida al sacrificio de Cristo, y vivida en el amor, la fe y el servicio.