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EL TIEMPO CUARESMAL: Origen, sacramentalidad, practicidad y desafíos actuales

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Departamento de Liturgia / Prensa Arquidiócesis de Mérida

(18-02-2026) La Cuaresma es uno de los tiempos litúrgicos más profundos de la Iglesia católica, un período de cuarenta días de preparación penitencial para la Pascua, inspirado en los cuarenta días de Jesús en el desierto.

Su historia se remonta a los orígenes de la Iglesia, evolucionando de prácticas locales a una norma universal; sus tradiciones incluyen ayuno, abstinencia y oración; su simbología evoca penitencia, purificación y conversión mediante colores como el violeta y gestos como las cenizas; y en la actualidad, invita a los fieles a una renovación espiritual concreta mediante prácticas que combaten el egoísmo y fomentan la caridad.

Origen de la Cuaresma

El origen de la Cuaresma se remonta a los primeros siglos de la Iglesia, consolidándose como un tiempo de 40 días en referencia a pasajes bíblicos significativos: Los 40 días que Jesús pasó ayunando en el desierto antes de iniciar su ministerio público. También evoca los 40 años del pueblo de Israel en el desierto y los 40 días del diluvio.

En el siglo IV ya existía como preparación para el bautismo de los catecúmenos y la reconciliación de los penitentes. A lo largo de la historia, la Iglesia impuso medidas como la “Tregua de Dios” para suspender hostilidades bélicas durante este tiempo.

Sacramentalidad: Signos y misterio

La Cuaresma no es solo un recuerdo histórico, sino una realidad cargada de signos que comunican la gracia de Dios: La Iglesia utiliza elementos como la ceniza (recordatorio de la fragilidad humana), el color morado (signo de penitencia y preparación) y el agua bendita.

Es un tiempo propicio para el sacramento de la Penitencia o Confesión, buscando la purificación de las faltas. También prepara para la renovación de las promesas bautismales en la Vigilia Pascual.

Practicidad: Los tres pilares

La vivencia práctica se sostiene sobre tres pilares fundamentales extraídos del Evangelio:

Oración: Diálogo personal con Dios que permite transformar el corazón y las actitudes negativas.

Ayuno: Más que privarse de alimentos, implica el dominio propio y el ayuno de “malos hábitos” como la soberbia o la pereza.

Limosna (caridad): Salir de uno mismo para ayudar al prójimo, no solo con dinero, sino con tiempo y escucha.

Restricciones en la liturgia (Misa)

No cantar el “Gloria”: Se omite en todas las misas, excepto en solemnidades como San José o la Anunciación.

No cantar el “Aleluya”: Se suprime antes del Evangelio durante todo el tiempo de Cuaresma, siendo sustituido por una aclamación al Señor.

Moderación en adornos y música: No se permiten flores en el altar (excepto en el domingo Laetare o solemnidades) y los instrumentos musicales deben usarse solo para sostener el canto, evitando un tono puramente festivo.

Recomendaciones sobre actitudes y estilo de vida

Más allá de las reglas estrictas, la Iglesia desaconseja ciertas actitudes para fomentar el espíritu de conversión:

Evitar el consumismo: Se invita a los fieles a desprenderse de lujos, excesos o “estímulos de satisfacción de los sentidos”.

No descuidar la caridad: La penitencia no es solo dejar de comer, sino también realizar obras de misericordia, como visitar enfermos o ayudar a los pobres.

Evitar penitencias “absurdas”: Se recomienda no intentar sacrificios que no sean apropiados para la etapa de vida o salud de la persona, priorizando la oración y la conversión interior.

Vivencia en el hoy: Desafíos actuales

En la era moderna, la Cuaresma se adapta para responder a las necesidades contemporáneas:

Ayuno digital: En un mundo hiperconectado, se propone reducir el consumo de redes sociales y pantallas para ganar espacio de silencio y reflexión.

Compromiso social: La vivencia hoy se traduce en sanar divisiones familiares, pedir disculpas a personas heridas y realizar obras de misericordia concretas en la comunidad.

Frenar el ritmo: Es una invitación a detenerse frente a la inmediatez y la cultura del entretenimiento para poner a Dios nuevamente en el centro.

La Cuaresma, forjada en historia y tradición, simboliza el camino al desierto para Pascua: penitencia que purifica, prepara bautismo renovado. Vivámosla hoy con oración, ayuno y caridad, uniéndonos al misterio pascual de Cristo, acompañados por María. Así, de cenizas a gloria eterna.

“El ayuno de Cuaresma debe ser no solo abstinencia de alimento, sino también de los vicios. La verdadera mortificación consiste en apartarse del pecado y practicar la virtud.”

San León Magno, Sermón sobre la Cuaresma