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La Arquidiócesis de Mérida inauguró el Año Arquidiocesano de la Espiritualidad

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Bajo el lema “Guiados por el Espíritu”, la Iglesia merideña inicia un itinerario de renovación pastoral y santidad que se extenderá hasta febrero de 2027

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(01-03-2026) Con una celebración en todos los arciprestazgos, la Arquidiócesis de Mérida dio inicio, el sábado 28 de febrero, al Año de la Espiritualidad, una propuesta pastoral que se extenderá hasta febrero de 2027.

El Año de la Espiritualidad busca renovar la vida cristiana bajo el lema “Guiados por el Espíritu”, fortaleciendo la fe, la esperanza y la caridad en toda la Iglesia local.

Atendiendo al llamado de Monseñor Helizandro Terán Bermúdez, arzobispo metropolitano, cada arciprestazgo celebró la Santa Eucaristía de apertura, precedida en muchos lugares por horas santas y catequesis orientadas a profundizar en el sentido de este tiempo jubilar.

Desde las comunidades del Páramo, el Área Metropolitana, Lagunillas y el Valle del Mocotíes, los fieles participaron en la lectura oficial del decreto que regirá este año especial de gracia.

En el Arciprestazgo Inmaculada Concepción, la celebración fue presidida por el propio arzobispo, quien en su homilía invitó a los presentes a no ser “sordos a la voz del Señor”, subrayando que la auténtica espiritualidad consiste en dar espacio al Espíritu de Jesús para que actúe en la vida personal y comunitaria.

Explicó que este camino solo es posible desde un encuentro profundo con el Evangelio, ya que conocer a Cristo es condición esencial para dejarse transformar por su Espíritu.

El prelado advirtió que uno de los principales enemigos de la espiritualidad es la rutina y la monotonía, cuando la vida cristiana se reduce al cumplimiento externo sin apertura a la novedad de Dios.

Señaló que el Espíritu Santo es quien renueva constantemente el corazón del creyente, generando una nueva manera de pensar y actuar conforme a los sentimientos de Cristo.

Asimismo, destacó que la santidad no es otra cosa que permitir que Cristo viva plenamente en cada persona, haciendo de la fe una experiencia concreta de amor que se traduzca en unidad y compromiso comunitario.

Durante las celebraciones se realizaron signos cargados de simbolismo, como la entronización de la Palabra de Dios en un lugar destacado del templo, reafirmando que el Evangelio será el centro de todo proyecto pastoral; la presentación del logotipo oficial que identificará este tiempo; y el rito de envío, mediante el cual delegados de distintas comunidades recibieron la luz como signo del mandato misionero de llevar esta vivencia espiritual a todos los sectores.

En los demás arciprestazgos, las Eucaristías fueron presididas por sus respectivos responsables: en San José, el padre Nelson Arellano; en San Buenaventura, el padre Pablo Olivo León; en San Isidro Labrador, el padre Jimy Peña; en Santo Cristo, el padre Jhon Jairo Dávila; en San Benito de Palermo, el padre Javier Muñoz; y en Cristo Rey, el padre Daid Avendaño, quienes animaron a las comunidades a asumir este tiempo como una oportunidad concreta de conversión y crecimiento.

Inspirado en la cita bíblica “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes” (Santiago 4,8), el Año de la Espiritualidad propone revisar y evaluar los proyectos pastorales para que estén verdaderamente centrados en la experiencia de Dios y no solo en el activismo.

El decreto arquidiocesano señala la importancia de fortalecer la formación bíblica y litúrgica, así como el compromiso misionero de los grupos de apostolado y de la feligresía en general.

Bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción, patrona de la Arquidiócesis, este camino pastoral se desarrollará a lo largo de un ciclo de formación, retiros y jornadas de oración, con el propósito de trazar un auténtico itinerario de santidad.

Con esta apertura conjunta, la Iglesia merideña reafirma su decisión de caminar en sinodalidad, fortaleciendo la comunión entre clero, vida consagrada y laicos, y renovando su compromiso de vivir una fe más profunda y coherente con el Evangelio.