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Pbro. Edduar Molina
(08-03-2026) Si hay algún movimiento organizado que sabe de grandes desafíos son las mujeres. Solo hay que mirar al pasado en los últimos cien años para atestiguar su lucha infatigable por acabar con los acosos, asesinatos, violencia de género, brecha salarial y las desigualdades en todas sus formas.
El 8 de marzo es un día en el que todos estamos invitados a una profunda reflexión sobre las mujeres y su participación en esta sociedad de cambios y nuevas oportunidades a nuestras damas, pioneras del desarrollo de toda nación. Frente a una realidad histórica de explotación laboral femenina, en especial las obreras textiles en los países industrializados, marca el inicio de la lucha de la mujer en el mundo a finales del siglo XIX.
Desde la Convención de Copenhague, Dinamarca, realizada en 1910, donde se aprobó la proposición de Clara Zetkin de decretar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo. Sin dejar de mencionar la Sociedad Patriótica de Mujeres Venezolanas (1928) con la denuncia profética de las atrocidades de la dictadura gomencista.
Otras organizaciones feministas se han incorporado a esta lucha como la son la Agrupación Cultural Femenina, la Asociación Venezolana de Mujeres en pro de los derechos políticos y sociales que le eran negados. Junto a los importantes logros como el de la reforma al Código Civil en 1942, permitiendo el ejercicio de la patria potestad de modo igualitario al padre frente a la responsabilidad de la madre con sus hijos. También, en 1944 se logró el derecho a ocupar cargos políticos las mujeres, mediante sufragios electorales.
En el año de 1975, la ONU lo establece como el Año Internacional de la Mujer, materializando muchas iniciativas en defensa de sus derechos, como el caso de la reforma del Código Civil en 1982, producto del trabajo de todas las mujeres venezolanas, que elimina la subordinación de la mujer en el matrimonio, constituyendo la reforma más radical del derecho venezolano en ese momento. Asimismo, en 1993 se promulga la Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer y, en ella, se crea el Instituto Nacional de la Mujer. Hasta llegar a 1999, con la nueva Constitución de Venezuela se consagra la plena igualdad jurídica de las mujeres.
Este año 2026, la ONU ha puesto como lema para el Día Internacional de la Mujer: “Derechos, justicia y acción: para todas las mujeres y niñas”.
Sobretres pilares fundamentales se abre todo un debate para la jornada de este 8M, comenzando por la revisión de “derechos” fundamentales, como el acceso a la educación, la igualdad salarial y el derecho a una vida libre de violencia. Junto a la “justicia”, que pretende desmantelar las barreras estructurales y los prejuicios dentro de los sistemas judiciales. El objetivo es que la justicia sea accesible, asequible y esté centrada en las supervivientes, eliminando la impunidad ante el abuso, como lo explican los fines de esta celebración anual.
Para llegar así a la “acción”, como el llamado urgente a pasar de la legislación a la implementación, lo que implica aplicar las leyes existentes, acabar con el matrimonio infantil y transformar las normas sociales nocivas que frenan el progreso.
Quisiera terminar este homenaje con palabras de agradecimiento de san Juan Pablo II, a todas las mujeres del mundo: “Te doy gracias, mujer madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida. Te doy gracias, mujer esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.
Te doy gracias, mujer hija y mujer hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia. Te doy gracias, mujer trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del “misterio”, a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.
Te doy gracias, mujer consagrada, quien a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta “esponsal”, que expresa maravillosamente la comunión que Él quiere establecer con su criatura.
Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.
Mérida, 8 de marzo 2026