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Entre cantos, caravanas y un profundo espíritu de hermandad, cientos de caminantes se congregaron en la Parroquia Universitaria «Jesús Maestro» para celebrar el Día del Emausiano. Una jornada de júbilo que, más allá del festejo, reafirmó el compromiso de la comunidad merideña de ser testimonio vivo de Cristo Resucitado en cada rincón de la arquidiócesis
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(09-04-2026) Bajo un sol radiante y una atmósfera cargada de fraternidad, la Arquidiócesis de Mérida se vistió de fiesta para celebrar el Día del Emausiano.
La sede de este encuentro fue la Parroquia Universitaria «Jesús Maestro», un espacio que se desbordó del entusiasmo de una comunidad que camina bajo la luz de la Resurrección.

Fue una jornada marcada por el reencuentro, la alegría y, sobre todo, el testimonio vivo de aquellos que han sentido el ardor en el corazón al caminar junto a Jesús Resucitado.
La celebración comenzó con un despliegue de júbilo que recorrió las principales calles y avenidas de la ciudad. Desde distintos puntos estratégicos, caravanas de vehículos adornados con globos y consignas partieron en un alegre peregrinar.
El sonar de las cornetas sirvió de banda sonora para acompañar a cientos de hermanos emaucianos que, entre cánticos y oraciones, anunciaban que Jesús está vivo en cada rincón de nuestra iglesia diocesana.
La llegada de las delegaciones a la Parroquia Universitaria: el ambiente se transformó en un gran cenáculo.
Los cantos de alabanza encendieron el espíritu de los presentes, creando un puente de comunión entre las diversas hermandades que se congregaron en el recinto sagrado para disponer el alma a la oración.
La Hermandad de la Parroquia El Llano cautivó a los presentes con una emotiva representación del pasaje bíblico de Emaús.

Con gran dedicación, escenificaron el caminar de los discípulos desesperanzados y el momento cumbre en que reconocen al Maestro al partir el pan, preparando así el corazón de toda la asamblea para la oración.
Uno de los momentos más profundos de la jornada fue la oración ante Jesús Sacramentado, organizada por la Hermandad de la Parroquia Catedral, dirigida por el padre José Gregorio Méndez.
En un silencio respetuoso, la comunidad de Emaús se postró ante la presencia real de Cristo. Fue un espacio de renovación, donde cada caminante pudo entregar sus cargas y fortalecer su compromiso de servicio antes de iniciar el banquete pascual.
La jornada fue cerrada con la celebración de la Sagrada Eucaristía, presidida por Monseñor Helizandro Terán, acompañado por varios sacerdotes de la Arquidiócesis, y organizada por la hermandad de la parroquia Santiago Apóstol de la Punta, quienes se unieron al gozo de sus comunidades y al espíritu de hermandad que les caracteriza.
La asamblea fue un reflejo de la unidad de la Iglesia, destacando la presencia de un importante número de emausianos provenientes de las diferentes hermandades arquidiocesanas.
En su homilía, Monseñor Terán hizo una exégesis bíblica del pasaje de Emaús leído en el evangelio, llegando a hacer una actualización de la palabra hoy; también recordó a los presentes “que esta hermandad de Emaús no es un retiro, ni un avivamiento; es un encuentro profundo con Cristo Resucitado. El retiro, el avivamiento y todas las actividades que hacen son simples medios para alcanzar el fin, el encuentro profundo y transformador con Cristo Jesús. La meta se cumple cuando logre cristificarme, cuando sea uno con Cristo, cuando pueda decir con mis palabras y obras: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.
En su mensaje, felicitó a los presentes por lo que hacen y los invitó a que no se queden con el retiro, sino que miren más arriba, porque están llamados a ser como Cristo, y finalizó pidiendo que sean verdaderos testigos del resucitado, en palabra y en obra; instó a los presentes a mantener vivo el ardor del corazón y a ser testigos valientes del amor de Dios en sus entornos cotidianos.
¡Jesucristo ha resucitado! ¡En verdad resucitó!
Con este grito de victoria, la familia de Emaús renovó su envío misionero, recordando que el camino no termina en el altar, sino que continúa en el servicio a los hermanos más necesitados.