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Monseñor Alberto Ortega Martín presidió la Eucaristía en las adyacencias del centro asistencial y destacó el testimonio de San José Gregorio Hernández y Santa Teresita del Niño Jesús
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(01-10-2026) En el marco de su visita a la Arquidiócesis de Mérida, el nuncio apostólico en Venezuela, monseñor Alberto Ortega Martín, visitó este jueves 1 de octubre el Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (IAHULA), donde compartió con pacientes, profesionales de la salud, trabajadores y miembros de la comunidad hospitalaria.








El representante del Santo Padre estuvo acompañado por monseñor Helizandro Terán, arzobispo metropolitano de Mérida, sacerdotes del Arciprestazgo San José y otros presbíteros del clero merideño.
A su llegada fue recibido por la junta directiva del centro asistencial, médicos, trabajadores y pacientes, en un encuentro marcado por la cercanía, la oración y la esperanza.
Una Eucaristía por los enfermos y trabajadores
Durante la jornada se celebró la Santa Eucaristía, en la que estuvo presente una reliquia de primer grado de San José Gregorio Hernández, cuyo testimonio como médico y servidor de los más pobres fue destacado por el nuncio como ejemplo para quienes ejercen la medicina y acompañan a los enfermos.
Al iniciar su homilía, monseñor Ortega Martín agradeció la acogida recibida y expresó su alegría por celebrar junto a los profesionales de la salud y, de manera especial, junto a los pacientes, a quienes reconoció como protagonistas de la vida del hospital.
“Me alegra celebrar con los médicos y también con los protagonistas del hospital, que son los enfermos. Qué labor tan bonita”, expresó.
Asimismo, recordó que este 1 de octubre la Iglesia celebra a Santa Teresita del Niño Jesús, a quien presentó como un modelo de santidad basado en la confianza y el abandono en el amor misericordioso de Dios.
“Dios no nos abandona”
A partir de la primera lectura, tomada del libro de Job, el Nuncio reflexionó sobre la experiencia del sufrimiento y la enfermedad como realidades que pueden poner a prueba la fe, pero que también pueden convertirse en espacios para experimentar la cercanía de Dios.










Recordó las palabras de Job: “Yo sé bien que mi Defensor está vivo”, destacando la esperanza de quien, aun en medio de la prueba, mantiene su confianza en el Señor.
En este sentido, hizo referencia a un encuentro reciente del papa León XIV con jóvenes en España, en el que una joven que había atravesado situaciones de profundo sufrimiento preguntó dónde podía encontrar a Dios cuando la oscuridad parecía absoluta.
Monseñor Ortega Martín explicó que el Santo Padre señaló a Cristo crucificado como revelación de un Dios compasivo que comparte el dolor humano, carga con las penas y permanece junto a quienes sufren.
“La cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona”, recordó el Nuncio, invitando a confiar nuevamente en el Señor incluso en las circunstancias más difíciles y a ayudarse mutuamente a sostener esa esperanza.
Santa Teresita y el camino de la confianza
Al referirse a Santa Teresita del Niño Jesús, monseñor Ortega Martín destacó su espiritualidad fundada en la confianza y el amor. Recordó que la santa francesa, doctora de la Iglesia y patrona de las misiones, encontró en el llamado “caminito” una forma de abandonarse plenamente en la misericordia de Dios.
También explicó que Santa Teresita descubrió su vocación al meditar las palabras de San Pablo sobre la caridad: “En el corazón de la Iglesia yo seré el amor”.








Para el nuncio, este mensaje ilumina también la misión de quienes trabajan en el ámbito sanitario, pues junto a la ciencia, el conocimiento y la práctica necesarios para curar, existe una dimensión esencial en la atención al enfermo: el amor, el trato humano, la escucha y la cercanía.
“No solamente la ciencia, sino ese amor, ese trato, ese cariño al enfermo, que ayuda enormemente a la curación del cuerpo y del alma”, afirmó.
“Curen a los enfermos y anuncien el Reino de Dios”
Al profundizar en el Evangelio del día, correspondiente al envío de los discípulos, el nuncio destacó que Jesús llama y envía a sus discípulos para continuar su misión. Subrayó que esta tarea se realiza en comunión y que la Iglesia está llamada a ponerse en camino para llevar el anuncio del Evangelio.
En el contexto del hospital, resaltó especialmente las palabras de Jesús: “Curen a los enfermos que haya y díganles: ya se acerca a ustedes el Reino de Dios”.
A partir de este mandato, invitó a los profesionales de la salud a unir su labor médica con el anuncio de la esperanza, de manera que, a través de su atención, cercanía y servicio, los enfermos puedan experimentar que no están solos y que su vida no queda definida por la enfermedad, sino por el amor de Dios.
“Mi vida está definida por el amor de Dios. Mi vida está definida por el Reino de Dios”, expresó al profundizar en esta dimensión de la misión cristiana.
El representante pontificio también pidió a los presentes rezar por las vocaciones, recordando que “la mies sigue siendo mucha y los trabajadores siguen siendo pocos”, e invitó a confiar en el Señor como protagonista de toda misión.
Un llamado a llevar la paz
Otro de los aspectos destacados durante la homilía fue el llamado a construir y anunciar la paz. Monseñor Ortega Martín recordó que Jesús envió a sus discípulos a las casas con el deseo de que la paz reinara en ellas.
En este sentido, invitó a pedir por la paz en los hogares, en Venezuela y en el mundo, recordando el llamado que el Papa León XIV ha realizado desde el inicio de su pontificado para ser artífices de paz.
También animó a los presentes a encomendar esta intención a la Virgen María, especialmente mediante el rezo del Santo Rosario.
San José Gregorio Hernández, testimonio para Venezuela
La presencia de la reliquia de primer grado de San José Gregorio Hernández permitió recordar de manera especial el testimonio del médico venezolano, presentado por el Nuncio como ejemplo de servicio, atención y cariño hacia todos, particularmente hacia los más pobres y necesitados.
Monseñor Ortega Martín transmitió además el saludo, la cercanía y la bendición del Papa León XIV, quien, según expresó, mantiene a Venezuela y a los enfermos presentes de manera especial en su corazón y en su oración.
El Nuncio invitó a seguir el ejemplo de San José Gregorio Hernández y de Santa Carmen Rendiles, recordando el llamado del Santo Padre a imitar en ellos las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad.
Oración y bendición por los pacientes
Antes de la bendición final de la Eucaristía, se realizó una oración especial por todos los pacientes del Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes, poniendo ante Dios sus necesidades, sufrimientos y procesos de recuperación.
Posteriormente, monseñor Alberto Ortega Martín impartió una bendición especial por los enfermos, sus familiares y quienes los acompañan, así como por todo el personal que presta servicio en el centro asistencial.
De esta manera, el encuentro concluyó poniendo bajo la protección de Dios a quienes diariamente viven, trabajan y sirven en este espacio dedicado al cuidado de la salud.
Finalmente, el nuncio invitó a reconocer que toda vida es preciosa a los ojos de Dios y está llamada a ser misionera, incluso en medio de la enfermedad y las dificultades. Encomendó esta misión a la Inmaculada Concepción, pidiendo que María ayude a cada persona a responder diariamente al llamado de Dios y a hacer presente su Reino en medio de las realidades que le corresponde vivir.
“A seguir curando y a seguir anunciando el Reino de Dios”, fue el llamado final que monseñor Alberto Ortega Martín dirigió a quienes ejercen su servicio en el Hospital Universitario de Los Andes.