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Parroquia Nuestra Señora del Rosario celebró sus fiestas patronales

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La comunidad parroquial renovó su devoción a Nuestra Señora del Rosario y su compromiso de caminar unida en la fe, la oración y el servicio, encomendando a María la vida de las familias y las vocaciones de la Iglesia

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(09-10-2026) En un ambiente de fe, oración y fraternidad, la comunidad de la parroquia Nuestra Señora del Rosario celebró sus fiestas patronales el miércoles 7 de octubre, con una solemne Eucaristía presidida por monseñor Helizandro Terán, arzobispo metropolitano de Mérida.

Durante la celebración también se realizó la admisión a las Sagradas Órdenes de tres seminaristas y la imposición de sotanas a seis jóvenes del Seminario Arquidiocesano San Buenaventura.

La celebración eucarística fue concelebrada por el presbítero Luis Salas, párroco de esta comunidad y el padre Ramón Paredes, rector del seminario, junto a sacerdotes del clero merideño y formadores del Seminario Arquidiocesano, con la participación de los seminaristas y numerosos fieles congregados para honrar a la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario.

En su homilía, monseñor Terán destacó el valor del Santo Rosario como una forma de oración que permite contemplar los misterios de la vida de Jesucristo con la mirada de María, para conocerlo más profundamente y crecer como discípulos suyos.

Explicó que recorrer estas escenas junto a la Madre de Dios ayuda a aprender de su fe, su obediencia y su disposición para acoger la voluntad del Señor.

El arzobispo recordó que el Rosario no consiste únicamente en repetir oraciones, sino en meditar la historia de la salvación y reconocer el llamado que Dios hace a cada persona a vivir en santidad.

En este sentido, citó la carta de san Pablo a los Efesios: «Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables en su presencia por el amor» (cf. Ef 1, 4).

Asimismo, invitó a los presentes a dejarse conducir por María hacia su Hijo, configurando la propia vida con Cristo y haciendo del Evangelio una pauta para el comportamiento cotidiano. Ante las dificultades y desafíos de la vida, animó a los fieles a confiar en la intercesión de la Virgen y a perseverar en la oración.

Seminaristas avanzan en su camino vocacional

En el marco de las fiestas patronales, se llevaron a cabo dos momentos significativos para la vida del Seminario Arquidiocesano San Buenaventura.

Los seminaristas Junior Ramírez, José Rojas y Cristian Márquez fueron admitidos a las Sagradas Órdenes, un paso que expresa públicamente su disposición a continuar el camino de preparación hacia el ministerio ordenado y su respuesta a la llamada de Dios, discernida y acogida por la Iglesia.

De igual manera, los jóvenes Ángel Zambrano, Yeferson Moreno, Gabriel Vázquez, Leonardo Gutiérrez, Dimas Castillo y Marco Camacho recibieron la imposición de la sotana, luego de culminar el año propedéutico e iniciar formalmente el primer año de la etapa discipular de su formación sacerdotal.

Al explicar el significado de estos ritos, monseñor Terán señaló que la admisión a las Sagradas Órdenes no es simplemente la expresión de un deseo personal, sino una respuesta a la iniciativa de Dios, discernida con el acompañamiento de la comunidad eclesial.

Sobre la imposición de la sotana, destacó que este signo representa un compromiso visible de seguimiento al Señor y recuerda a la comunidad la presencia de Dios y la disponibilidad de la Iglesia para atender a su pueblo.

Por ello, exhortó a los seminaristas a vivir con coherencia su vocación y pidió a los fieles orar por el Seminario, sus formadores y el surgimiento de nuevas vocaciones sacerdotales y religiosas en la Arquidiócesis.

Una comunidad llamada a vivir en unidad y caridad

Antes de la bendición final, el presbítero Luis Salas expresó su agradecimiento a Dios por los dones recibidos y por la participación de quienes hicieron posible la celebración de las fiestas patronales, destacando la colaboración de las comunidades durante el recorrido de la imagen de la Virgen y el novenario preparatorio.

El párroco agradeció especialmente la presencia del arzobispo metropolitano, de los sacerdotes, los formadores del Seminario, los seminaristas, la vida consagrada y los grupos de apostolado, así como el apoyo de los fieles que contribuyeron al desarrollo de las actividades.

En sus palabras, resaltó el compromiso de la comunidad parroquial con la formación de los futuros sacerdotes, recordando que esta ha sido una casa abierta para acoger y fomentar las vocaciones.

Asimismo, insistió en la necesidad de construir una Iglesia unida, sin distinciones y guiada por el amor y la caridad, en sintonía con el deseo expresado en el Evangelio de san Juan: «Que todos sean uno».

El padre Luis también subrayó que la promoción vocacional es una responsabilidad compartida por toda la comunidad cristiana, llamada no solo a animar las vocaciones, sino también a acompañarlas, cuidarlas y sostenerlas mediante la oración y la cercanía fraterna.

Por su parte, monseñor Helizandro Terán agradeció al párroco y a los formadores del Seminario por hacer posible esta celebración conjunta.

Finalmente, encomendó a la Virgen del Rosario a las familias y a toda la comunidad, pidiendo su protección y ayuda ante las dificultades.

Un camino de fe que comenzó en septiembre

Las fiestas patronales de Nuestra Señora del Rosario comenzaron el pasado 6 de septiembre con la entronización de una nueva imagen de la Virgen, que recorrió las distintas comunidades de la parroquia.

Posteriormente, se desarrolló el novenario preparatorio y, el martes 6 de octubre, se celebró la Eucaristía de vísperas, presidida por el presbítero Eduardo Gotopo, vicario parroquial, quien invitó a los fieles a trabajar, entregarse y perseverar en el amor al Señor siguiendo el ejemplo de María.

La jornada de vísperas continuó con una procesión iluminada en honor a la Virgen, durante la cual se rezó el Santo Rosario, y culminó en el templo con una velada eucarística y mariana, acompañada de cantos de alabanza a Jesús Sacramentado y a su Santísima Madre.