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La restauración de la Catedral de Mérida: un acto de fe que renueva el corazón del pueblo merideño

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La Catedral de Mérida atraviesa un proceso de restauración que trasciende lo técnico para convertirse en una experiencia espiritual, donde el cuidado del patrimonio se une a la fe viva de un pueblo que reconoce en su templo un signo de la presencia de Dios

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(06-02-2026) La Basílica Menor Catedral de Mérida vive hoy un tiempo de gracia. Más allá de andamios, estudios técnicos y procesos especializados para restaurar cada uno de sus espacios, los trabajos de rehabilitación que se ejecutan en este templo madre de la Arquidiócesis representan una experiencia profundamente espiritual, un encuentro renovado con Dios y con la historia viva de la fe del pueblo merideño.

Cada intervención estructural, cada vitral, cada retablo y cada imagen cuidada con respeto, son signos visibles de un amor que se expresa en el cuidado de la casa de Dios. La Catedral no es solo un monumento arquitectónico; es un lugar sagrado donde miles de fieles han orado, han recibido y celebrado los sacramentos y, sobre todo, han encontrado consuelo, esperanza y paz.

Desde esta vivencia lo expresa Yasmira Belandria, ingeniero civil responsable del cumplimiento de las especificaciones técnicas durante la ejecución de la restauración, pero también una feligrés comprometida que vive este proyecto como un verdadero regalo de Dios.

“La Catedral de Mérida es un monumento, es un patrimonio de los merideños y de la fe católica. Como feligrés, participar en esta restauración es la máxima expresión del amor y la misericordia que Dios nos permite experimentar”, comparte con emoción.

Durante el desarrollo de los trabajos, la presencia constante de fieles que se acercan, observan y agradecen se ha convertido en un testimonio vivo del valor espiritual de esta obra.

“La gente se siente feliz, se siente identificada porque la Catedral está siendo atendida. Es un patrimonio que manifiesta nuestra cultura religiosa y la identidad de nuestra comunidad”, afirma Belandria, quien reconoce que incluso desde su rol profesional, este servicio se transforma en oración: “Señor, que mis ojos vean lo que Tú quieres que yo vea. Poner al servicio de Dios los talentos que Él mismo nos ha dado es una bendición inmensa”.

Uno de los momentos más significativos de este proceso ha sido la recuperación de espacios históricamente ocultos, como el lateral de la Catedral por la calle 22, afectado durante décadas.

Su rescate ha generado asombro y gratitud en muchos merideños que, por primera vez, han podido contemplar esa parte del templo.

“Había personas que no conocían esa fachada, nunca la habían visto. Hoy sienten alegría al ver cómo nuestro monumento religioso está siendo rescatado con respeto y amor”, señala la ingeniera.

Esta obra de restauración es también un signo de comunión y trabajo conjunto. Más de 77 personas laboran directamente en el sitio. Están acompañadas por un equipo multidisciplinario integrado por profesionales de la Universidad de Los Andes, la Arquidiócesis de Mérida, la UNEFA, el Politécnico Santiago Mariño y los gobiernos regional y nacional.

Todos están unidos por un mismo propósito: cuidar y devolver el esplendor a este templo que es el corazón espiritual de la ciudad.

La rehabilitación de la Catedral de Mérida no solo fortalece su estructura física; renueva la fe, despierta el sentido de pertenencia y recuerda a los fieles que Dios sigue habitando en medio de su pueblo. Cada avance en la obra es una invitación a valorar la fe recibida, a agradecer y a seguir construyendo, como comunidad, una Iglesia en salida, viva, cuidada y llena de esperanza.