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El Miércoles de Ceniza nos invita a detenernos, mirar nuestro interior y reconocer nuestra fragilidad ante Dios. Este 18 de febrero, la Iglesia en Mérida recordó que la conversión, la oración y la caridad son caminos para acercarnos al Señor, comenzando así un tiempo de Cuaresma lleno de gracia y esperanza
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(18-02-2026) Este 18 de febrero, la Iglesia en Mérida dio inicio al tiempo santo de la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza, una jornada marcada por la oración, el recogimiento y el llamado a la conversión. Desde tempranas horas del día, en las diversas parroquias de la Arquidiócesis se celebró la Eucaristía con la tradicional imposición de la ceniza.

Asimismo, sacerdotes y agentes de pastoral visitaron colegios y centros de salud, llevando este signo penitencial a niños, jóvenes, enfermos y personal, permitiendo que muchos fieles pudieran comenzar la Cuaresma aun en medio de sus actividades o situaciones de enfermedad.
En horas de la tarde, numerosos fieles se congregaron en la Basílica Menor Catedral Inmaculada Concepción para participar en la Eucaristía presidida por Monseñor Helizandro Terán, Arzobispo Metropolitano de Mérida.
La celebración fue concelebrada por los presbíteros José Gregorio Méndez, vicario general y párroco de Catedral; Leonardo Ángulo, vicario parroquial; Edgar Quintero, asesor de la Pastoral Vocacional; y Ramón Paredes, rector del Seminario San Buenaventura.
También participaron los seminaristas y los jóvenes del equipo propedéutico, quienes acompañaron con espíritu de servicio esta significativa celebración.

El Miércoles de Ceniza marca el inicio de los cuarenta días de preparación hacia la Pascua del Señor, un tiempo de gracia que invita a los fieles a profundizar en la oración, el ayuno y la caridad como caminos de renovación espiritual.
Durante la homilía, Monseñor recordó que la primera lectura, tomada del profeta Joel, es un llamado claro al arrepentimiento sincero: “Conviértanse a mí de todo corazón”. Destacó que Dios, como Padre compasivo y misericordioso, espera siempre nuestro regreso y nos ofrece una nueva oportunidad para reconciliarnos con Él.
Al reflexionar sobre la segunda lectura, el arzobispo subrayó las palabras del apóstol san Pablo, quien exhorta a no descuidar la gracia de Dios, recordando que este es el tiempo favorable, el día de la salvación.
Explicó que la reconciliación con Dios pasa también por la reconciliación con los hermanos, por el compromiso con los más necesitados y por una actitud responsable ante la realidad que nos rodea.

En relación con el Evangelio, señaló que Jesús propone tres medios concretos para vivir la Cuaresma: la oración, la abstinencia y la caridad, vividos con autenticidad y no para aparentar ante los demás. Insistió en que la conversión no es solo un acto externo ni un mero cumplimiento de prácticas religiosas, sino un encuentro vivo y profundo con Jesucristo, reconociendo que es en nuestra debilidad donde se manifiesta la fuerza transformadora del amor de Dios.
Al concluir la homilía, se realizó la bendición e imposición de la ceniza, signo penitencial que recuerda la fragilidad humana y la necesidad de conversión. Mientras recibían la ceniza en la frente, los fieles escuchaban la exhortación: “Conviértete y cree en el Evangelio”, iniciando así un tiempo de preparación espiritual que conducirá a la celebración del Misterio Pascual.

Con esta celebración, vivida tanto en la Catedral como en cada parroquia, colegio y hospital en el territorio arquidiocesano, la Iglesia merideña comenzó un nuevo camino cuaresmal, confiando en que estos cuarenta días sean ocasión de renovación personal, reconciliación y fortalecimiento de la fe.