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Por Pbro. Edduar Molina
(01-03-2026) El pasado 27 de febrero, nuestro Arzobispo Metropolitano, mediante decreto, nos invitó a celebrar juntos un “Año Jubilar Arquidiocesano de la Espiritualidad”, que abarca desde el 28 de febrero de 2026 hasta el 27 de febrero de 2027.
Inspirado en la carta de Santiago (4, 8): “Acérquense a Él y Él se acercará a ustedes”, bajo el lema “Guiados por el Espíritu”, promoviendo así la clara unión con Dios, bajo el influjo de su Espíritu, a través del fortalecimiento de la fe, la esperanza y la caridad entre la grey emeritense, exhorta el decreto.
El objetivo de esta propuesta misionera es muy claro: “Ejercitar la pastoral de conjunto promovida por la Iglesia, buscando la madurez en la fe, la renovación espiritual y el acompañamiento, superando la fe meramente formal para vivir una experiencia de conversión, que anime e integre a todos en la misión evangelizadora, todo esto bajo la guía del Espíritu Santo”. Una senda novedosa pastoral y espiritual que seguramente fortalecerá las bases de la misión y la comunión de nuestra Iglesia local.
La espiritualidad en la tradición cristiana permite que cada persona pueda tener su propia experiencia personal de Dios y su manera particular de vivir su fe en Cristo Resucitado. Este camino de santidad puede describirse como “un estilo de vida”, al modo de Jesús de Nazaret, al pasar por el mundo con Dios. Por esta razón, en la comunidad de la Iglesia, siempre ha existido una variedad de formas de expresar los diversos carismas y dones dados por el Espíritu a su Iglesia (1 Cor 12,4).
Resulta una práctica novedosa el poder revalorizar la cantidad de dones y carismas que a lo largo de la historia han fecundado la vida de la Iglesia, un camino de libertad en el Espíritu que conlleva el crecimiento tanto de la persona en su realidad concreta como de toda la comunidad, pueblo de Dios. Diferentes espiritualidades enfatizan maneras particulares de acercarse al misterio de Dios y, por lo tanto, a la vida en general. En medio de nosotros existe una rica variedad de espiritualidades. Hablamos, por ejemplo, de la espiritualidad franciscana, ignaciana, benedictina, dominicana, por solo hacer mención de algunas.
Como Iglesia arquidiocesana vivimos una espiritualidad cristocéntrica, es decir, Cristo en medio de nosotros nos llama a volver a colocarlo en el centro de nuestra realidad y aspiraciones más profundas. Para darle mayor provecho a este tiempo de gracia para la Iglesia merideña, desde la Vicaría de Pastoral se han fijado medios fundamentales para un mayor provecho espiritual, como son la formación bíblica y sacramental, profundizar en la Palabra de Dios y los signos de la fe. En la liturgia, promover una participación activa y consciente en las celebraciones. En la identidad eclesial: Actuar en estrecha fidelidad a las enseñanzas de la Santa Madre Iglesia, aunado al compromiso misionero en los arciprestazgos o zonas pastorales.
Caminar juntos como pueblo de Dios es el estilo de vida para vivir la espiritualidad de nuestra Arquidiócesis, al estilo de Jesús desde la humildad y servicio, de la mano juntos en ese camino de conversión personal con una apertura de mente y corazón, sintiéndonos necesitados de acercarnos a Cristo purificados y renovados para crear puentes de fraternidad, cercanía y comunión.
En medio de un medio cambiante y de permanente transformación bajo el dominio de la Inteligencia Artificial, los católicos tenemos que estar preparados para responder a estos nuevos desafíos y solo bajo la guía del Espíritu podremos discernir el camino de la Iglesia que responda adecuadamente a los “signos de los tiempos”.
Aprovechemos esta oportunidad de volver a las fuentes mismas de la fe nacida en lo más arraigado de estas montañas andinas, para generar así la identificación y el sentido de pertenencia a nuestra iglesia local merideña, como dice el decreto.
Que el Señor guíe esta búsqueda de Dios, que juntos de la mano hagamos este camino de interioridad y encuentro, unidad en el amor y fructífera reflexión teológica que nos lleva a una vida en Cristo según el Espíritu. Tal como escribió san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, 1,1.1).
Mérida, 1 de marzo 2026