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Arquidiócesis de Mérida celebró misa crismal con llamado a la unidad y la misión pastoral

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Con el envío misionero de seminaristas y la bendición de los santos óleos y consagración del Santo Crisma, la Arquidiócesis de Mérida celebró la misa crismal, reafirmando su compromiso evangelizador

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(28-03-2026) En un ambiente de profunda fe y comunión eclesial, la Arquidiócesis de Mérida celebró este sábado 28 de marzo la Solemne Misa Crismal, uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico que congregó al clero, religiosos y fieles laicos en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Santa Cruz de Mora.

La Eucaristía fue presidida por el Arzobispo Metropolitano de Mérida, Monseñor Helizandro Terán, acompañado por Monseñor Alfredo Torres, obispo emérito de San Fernando de Apure, junto al presbiterio merideño, en una manifestación visible de la unidad de la Iglesia particular en torno a su pastor.

Delegaciones provenientes de toda la geografía arquidiocesana, así como la presencia de religiosas, seminaristas y autoridades civiles, convirtieron el templo en un auténtico signo de Iglesia viva, reunida para renovar su fe y misión de cara a la Semana Santa.

En su homilía, Monseñor Terán centró su reflexión en el significado de la unción, recordando las palabras del profeta Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido”, destacando que esta realidad no solo se cumple en Cristo, sino también en todo bautizado y, de manera particular, en los ministros ordenados.

“El Crisma que hoy consagramos nos recuerda que hemos sido marcados para siempre por la gracia de Dios”, expresó, subrayando que la identidad cristiana y sacerdotal nace de esta unción que llama a ser testigos del Evangelio en medio de las dificultades del mundo actual.

Asimismo, exhortó al presbiterio a renovar con fidelidad su vocación, destacando que el ministerio sacerdotal debe vivirse desde una doble pasión: por Cristo y por el pueblo.

En este sentido, invitó a los sacerdotes a fortalecer su identidad misionera y a vivir con autenticidad su configuración con Cristo, Buen Pastor.

El momento central de la celebración fue la consagración del Santo Crisma y la bendición de los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, signos visibles de la gracia que acompañará la vida sacramental de la Iglesia durante todo el año.

Al finalizar la liturgia, estos óleos fueron entregados a las distintas parroquias, representadas por sus párrocos y fieles, simbolizando la comunión entre la Iglesia madre y las comunidades que peregrinan en cada rincón de la arquidiócesis.

La celebración estuvo marcada además por dos momentos de especial significado pastoral.

En primer lugar, la entrega de la Campaña Compartir, mediante la cual los párrocos hicieron entrega de las colectas destinadas a obras de caridad, reafirmando el compromiso de la Iglesia con los más necesitados.

En segundo lugar, se realizó el envío misionero de los seminaristas, quienes irán a diversas comunidades para acompañar pastoralmente durante la Semana Santa.

Este gesto expresó la dimensión evangelizadora de la Iglesia y la esperanza puesta en las nuevas vocaciones.

“No solo nos reunimos para bendecir los óleos, sino para celebrar nuestra unidad en Cristo que nos llama, consagra y envía”, destacó Monseñor Terán.

Al concluir, el arzobispo invitó a los fieles a orar por la santidad de los sacerdotes y encomendó a toda la arquidiócesis a la protección de la Virgen María, Madre Inmaculada.

Con el aroma del incienso y el crisma aún fresco, la Iglesia merideña se dispone a vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, renovada en su fe, fortalecida en la unidad y comprometida con la misión evangelizadora.