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La Arquidiócesis de Mérida vivió la Semana Santa 2026 con masiva participación de fieles en templos, calles y montañas, en una intensa agenda litúrgica presidida por Monseñor Helizandro Terán, quien recorrió diversas comunidades llevando un mensaje centrado en la conversión, el servicio y la esperanza, en medio de una de las tradiciones religiosas más arraigadas de los Andes venezolanos
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(06-04-2026) La Semana Santa en la Arquidiócesis de Mérida volvió a convertirse en un acontecimiento profundamente eclesial, cultural y humano, donde la fe del pueblo se expresó con fuerza en templos, calles y montañas.

Bajo la guía pastoral de Monseñor Helizandro Terán Bermúdez, la Iglesia merideña recorrió, paso a paso, el misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, en una vivencia marcada por la cercanía con las comunidades y la riqueza de las tradiciones andinas.
En la ciudad de Mérida, se dio inicio a la Semana Mayor con una multitudinaria celebración del Domingo de Ramos en la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada Concepción, donde los fieles, portando palmas, recordaron la entrada de Jesús en Jerusalén. En su homilía, el arzobispo invitó a una reflexión profunda sobre la coherencia de la fe.
“Hoy recordamos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, aclamado por una multitud que lo recibía con cantos y palmas, reconociéndolo como Rey. Sin embargo, esa misma multitud, días después, cambiaría su voz para pedir su crucifixión. Esto nos interpela profundamente sobre la firmeza de nuestra fe”, enfatizó.
El Lunes Santo llevó a cientos de fieles a participar en el tradicional Viacrucis de la Montaña, una de las expresiones más representativas de la espiritualidad merideña, donde el esfuerzo físico se convierte en oración viva.
En este acto, que conjuga naturaleza, sacrificio y oración, los fieles, presentes a pesar de la lluvia, no solo representan las estaciones del dolor de Cristo, sino que las encarnan en su propio esfuerzo físico.
Monseñor Helizandro recordó el gesto de María al ungir los pies del Señor. «Hoy contemplamos un gesto que habla más que mil palabras: María unge los pies de Jesús con un perfume costoso. Es un acto de amor que no calcula, que no se guarda nada, que simplemente se entrega”, destacó.

La peregrinación continuó el Martes Santo en Tabay, donde la comunidad parroquial se unió en torno a la celebración eucarística. Allí, el arzobispo centró su mensaje en la conversión interior.
“La traición de Judas es un gesto que nos confronta, no solo por lo que hizo, sino porque nos invita a mirarnos por dentro y reconocer nuestras propias incoherencias», manifestó.
El Miércoles Santo, en Montalbán, la devoción al Nazareno se hizo palpable en medio de procesiones y actos de piedad popular que convocan cada año a numerosos fieles vestidos de morado, muchos de ellos cumpliendo promesas o elevando súplicas.
En este contexto, el arzobispo expresó: “El Nazareno camina en silencio, con la cruz a cuestas y el amor intacto. Cada paso suyo habla de entrega, de obediencia y de una fuerza que no viene del mundo, sino de un corazón que ama sin medida. Hoy contemplamos a Cristo que avanza, aun sabiendo del dolor que le espera, y en su caminar encontramos un reflejo del nuestro”.
El Jueves Santo, con la celebración de la Cena del Señor en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, dio inicio al Triduo Pascual.
En toda la arquidiócesis se vivió la tradicional visita a los siete templos, mientras en los hogares se mantuvieron prácticas culturales propias de estos días, como la preparación de alimentos tradicionales y el compartir familiar.
Durante la liturgia, Monseñor Terán subrayó el sentido del servicio cristiano. “Hoy contemplamos el amor hecho servicio. En la Última Cena, Jesús no solo comparte el pan y el vino: se entrega por completo, se queda para siempre y nos enseña a amar hasta el extremo”.

El Viernes Santo, en la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, la Iglesia merideña vivió uno de los momentos más sobrecogedores de la semana. El silencio, las procesiones del Santo Sepulcro y la contemplación del Crucificado marcaron la jornada.
En su mensaje, el arzobispo invitó al recogimiento: “Hoy el amor se queda en la cruz. Contemplamos a Jesús que se entrega hasta el extremo, que abraza el dolor y lo transforma en salvación. No hay palabras suficientes, solo silencio, gratitud y contemplación.”
El Sábado Santo, Monseñor Terán recordaba el silencio del día. “Hoy el silencio lo envuelve todo. Es el día de la espera, de la aparente ausencia, donde la fe se vive en lo profundo del corazón. Jesús ha sido sepultado y el mundo parece quedarse en pausa.”
Luego, desde la Basílica Menor San Buenaventura de Ejido, la Vigilia Pascual permitió a los fieles pasar del silencio a la esperanza. La bendición del fuego y la proclamación de la Resurrección marcaron una de las celebraciones más significativas del año litúrgico.
Finalmente, el Domingo de Resurrección reunió nuevamente a la comunidad en la Catedral de Mérida, donde la alegría pascual se expresó con fuerza en la Eucaristía.
Con palabras llenas de esperanza, Monseñor Helizandro hizo suyas las palabras del salmista: ‘Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo’. Estamos alegres: Cristo ha resucitado. Hoy el Señor nos abre el camino a la vida eterna.”
Más allá del itinerario litúrgico, la Semana Santa en Mérida reafirmó su carácter de patrimonio vivo. En pueblos como Ejido, Tabay, Mucuchíes y sectores tradicionales, la fe se expresó en viacrucis vivientes, promesas cumplidas, procesiones penitenciales y prácticas transmitidas de generación en generación.
La visita a los siete templos, la gastronomía típica y la participación familiar evidencian que esta celebración trasciende lo estrictamente religioso para convertirse en un elemento integrador de la vida social y cultural.
La Semana Santa 2026 dejó así el testimonio de una Iglesia que camina con su pueblo, que escucha sus realidades y que, en medio de los desafíos, continúa anunciando con convicción el mensaje central del Evangelio: que la cruz no es el final, sino el camino hacia la vida nueva.