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Con jornadas de adoración eucarística, celebraciones y momentos de oración en parroquias, capillas y comunidades, la Iglesia merideña renovó la consagración de Venezuela a Jesús Sacramentado, elevando una súplica por la paz del país y por las víctimas de los recientes terremotos
Mayra Briceño (Prensa Arquidiócesis de Mérida) y César Briceño (Pasante ULA)
(03-07-2026) La Arquidiócesis de Mérida conmemoró el jueves 2 de julio el 127.° aniversario de la Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento del Altar, una fecha profundamente significativa para la Iglesia venezolana que fue vivida en todas las parroquias arquidiocesanas con adoración eucarística, celebración de la Santa Misa, rezo del Santo Rosario y vigilias de oración.

Este año, la jornada estuvo marcada por una intención especial: pedir por Venezuela y por las familias afectadas por los recientes terremotos que han golpeado distintas regiones del país. Desde cada comunidad parroquial se elevaron súplicas por los fallecidos, los heridos, los desaparecidos, quienes perdieron sus hogares y por todos aquellos que trabajan en las labores de rescate y asistencia.
Oración y solidaridad en las parroquias
En la parroquia San José Obrero, Jesús Sacramentado permaneció expuesto durante todo el día para la adoración de los fieles, quienes depositaron a sus pies sus intenciones y plegarias por el país.
Los diferentes grupos de apostolado animaron los momentos de oración y contemplación, elevando súplicas por quienes sufren las consecuencias de los desastres naturales. El párroco, el padre Nelson Arellano, invitó a la comunidad a mantener la solidaridad y el apoyo permanente hacia las familias afectadas.
Por su parte, la parroquia San Antonio de Padua de Tabay inició la celebración con el rezo del Santo Rosario ante la imagen de la Virgen de Coromoto. Durante todo el día, los integrantes de la Cofradía del Santísimo Sacramento acompañaron la adoración eucarística y participaron en una asamblea de sanación dirigida por el párroco, el padre Javier Muñoz, cuya intención principal fue orar por Venezuela y por la reconciliación del pueblo. La jornada concluyó con la procesión del Santísimo por el interior del templo y un responso por las víctimas de los terremotos.
En la parroquia Nuestra Señora de Belén, atendida por los frailes franciscanos conventuales, el ambiente de oración comenzó desde tempranas horas con la exposición del Santísimo Sacramento.
Los fieles participaron durante todo el día en turnos de adoración y, al finalizar la Eucaristía, realizaron una vigilia iluminada con velas, ofreciendo sus oraciones por quienes permanecen desaparecidos, por las familias en duelo y por todos los afectados. En un clima de recogimiento, los franciscanos invitaron a contemplar a María como la Madre que sostiene a Venezuela en medio del sufrimiento y renueva la esperanza de su pueblo.
Más allá de estas comunidades, la jornada se vivió de manera simultánea en todas las parroquias de la Arquidiócesis de Mérida. Desde las primeras horas de la mañana, los templos permanecieron abiertos para la exposición del Santísimo Sacramento, propiciando espacios de adoración, oración personal y comunitaria. Elevaron plegarias por Venezuela, especialmente por las víctimas, sus familias, los rescatistas y todos aquellos que trabajan solidariamente para aliviar el sufrimiento de los más afectados, renovando así la confianza del pueblo en Cristo Eucaristía como fuente de esperanza y fortaleza.
La Universidad también oró por Venezuela

La Universidad de Los Andes se unió igualmente a esta jornada de oración mediante una Hora Santa celebrada en el edificio del Rectorado, presidida por el padre Duglas Briceño, asesor de la Pastoral Universitaria.
Antes del inicio de la adoración, fueron bendecidos los donativos recolectados por la comunidad universitaria para ser enviados a las zonas afectadas. Durante el encuentro, estudiantes, profesores y personal administrativo iluminaron el recinto con faroles formando el mapa de Venezuela, mientras elevaban plegarias por los damnificados, los desaparecidos, los huérfanos y quienes trabajan en las labores de atención humanitaria, manifestando así el compromiso solidario de la universidad con el pueblo venezolano.
La Catedral Metropolitana reunió a la Iglesia merideña en torno a Cristo Eucaristía
Como acto central de la conmemoración arquidiocesana, la Basílica Menor Catedral Metropolitana de Mérida acogió una extensa jornada de adoración organizada por la Unión Arquidiocesana de Cofradías del Santísimo Sacramento de Mérida (UACSS).
Desde las 8:00 de la mañana permaneció expuesto el Santísimo Sacramento para la oración de los fieles. A las 5:00 de la tarde se celebró la Santa Eucaristía, presidida por el padre Leonardo Angulo, asesor de la Unión Arquidiocesana, y concelebrada por el padre José Gregorio Méndez, vicario general de la Arquidiócesis y párroco de la Catedral, junto al padre John Chacón, párroco de Santa Ana y asesor de la Pastoral de Monaguillos.

Durante la homilía, el padre José Gregorio Méndez transmitió el saludo y la bendición del arzobispo metropolitano, Monseñor Helizandro Emiro Terán, quien no pudo participar por compromisos pastorales en el Seminario Arquidiocesano, y animó a los cofrades a continuar promoviendo la devoción a Jesús Sacramentado.
Asimismo, invitó a los presentes a descubrir que la primera ofrenda que cada cristiano presenta a Dios es su propia vida y recordó que, frente a la tragedia que vive el país, la respuesta del creyente debe ser la oración y la solidaridad.
«Hoy hemos estado orando por Venezuela y por todos aquellos hermanos víctimas de esta tragedia. Las imágenes no alcanzan a mostrar la magnitud del dolor. Es momento de elevar nuestras súplicas por quienes han fallecido, por los heridos, por quienes aún esperan ser rescatados y por quienes lo han perdido todo», expresó.
El vicario general recordó que Cristo permanece presente en la Eucaristía como fuente permanente de esperanza. «Jesús permanece entre nosotros en el Santísimo Sacramento del altar. En Él encontramos fortaleza, consuelo y la certeza de que Dios nunca abandona a su pueblo.»
Al concluir la celebración, toda la asamblea rezó la Oración de Consagración de Venezuela al Santísimo Sacramento, elevando una súplica especial por la paz, la reconciliación y la recuperación de las comunidades afectadas.

Posteriormente, los fieles acompañaron la tradicional procesión con el Santísimo Sacramento por los alrededores de la Plaza Bolívar, recorriendo las calles del centro de la ciudad entre cantos, oraciones y manifestaciones de fe.
De esta manera, la Iglesia merideña renovó su compromiso de mantener viva la devoción eucarística y de seguir encontrando en Cristo Sacramentado la fuente de esperanza, fortaleza y unidad para Venezuela, especialmente en medio de las dificultades que atraviesa el país.