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Por Pbro. Edduar Molina E.
La Congregación del Santísimo Redentor, los conocidos padres redentoristas, ya pasan de un siglo de permanente presencia misionera, predicando con sus vidas el Reino de Dios en medio de nuestra patria venezolana.
Fue el 14 de marzo de 1925 cuando arribaron a Barquisimeto misioneros apasionados, los padres Andrés Álvarez Palacios, Esteban Arce y el hno. Rafael Nebot Robles, saliendo desde Cádiz en el vapor español “Buenos Aires”. Obra que se conoció como Viceprovincia Venezolana.
Según relatos del Libro “Los Misioneros Redentoristas en Venezuela 1925-2008. Memoria y Análisis”, escrito por el Padre Lauro Núñez Huerta en 2009, fue el Nuncio Apostólico en Venezuela, monseñor Filippo Cortesi, quien se encargó de escribir al Cardenal Gasparri pidiéndole establecer contactos con el Superior General de los PP. Redentoristas, P. Murray, para exponer las ventajas que podrían resultar para su Congregación establecerse en Venezuela. Ya la misión redentorista era ampliamente conocida en Europa y en América, en Colombia y Ecuador.
Por caminos del Señor, coincidieron en el viaje de incursión, el Provisor de nuestra Arquidiócesis Monseñor Acacio de la Trinidad Chacón Guerra, después de haber hecho la visita ad Limina en sustitución de su anciano e impedido Arzobispo Silva García. Mons. Chacón, antes se había presentado en la casa del Perpetuo Socorro de Madrid para tratar sobre la posibilidad de una fundación Redentorista en Mérida. Allí manifestó “que vería con agrado que nos estableciésemos en la Arquidiócesis merideña, donde encontraríamos amplio campo para ejercer nuestro ministerio”, según correspondencia que se custodia en nuestro Archivo Arquidiocesano.En Madrid le informaron de la pronta partida de tres Redentoristas para la diócesis de Barquisimeto.
La huella de la Congregación del Santísimo Redentor en tierras merideñas comenzó a trazarse el 16 de octubre de 1926, fecha en la que llegaron los primeros misioneros de san Alfonso María de Ligorio. Apenas seis meses atrás había sido elegido el vicario Acacio Chacón Guerra como Arzobispo Coadjutor, el 30 de abril de 1926.
La comunidad fundadora en la ciudad de Mérida estuvo integrada por los padres Esteban Arce, Benito González, Gumersindo Cerdeiriña, Feliciano Vilas (el primero en predicar misiones en la ciudad) y el hermano Demetrio Álvarez. Fieles a su carisma fundacional, se establecieron como una comunidad eminentemente misionera, dedicándose con celo apostólico a predicar misiones populares, no solo en la tierra merideña, sino extendiendo su labor evangelizadora a los territorios de los estados Táchira, Trujillo y Barinas, parte de la geografía arzobispal emeritense. Todo un testimonio vivo de una Iglesia en salida. No hay pueblo, aldea, caserío andino en el que no se encuentre el signo misionero dejado a su paso, una cruz, recuerdo del paso de la abundante redención.
La labor de los redentoristas, no se limitó solo a la misión itinerante, desde la custodia y embellecimiento de la Iglesia La Tercera, Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, que en sus orígenes había sido sede de los terciarios franciscanos o de san Agustín desde tiempos antiguos.
Llama la atención como se contabilizan los frutos misioneros, tal es el caso del año 1934, donde “se registraron nueve comunidades predicadas, 18.500 confesiones, 22.390 comuniones, 63 matrimonios, 6.300 socios de la archicofradía del Perpetuo Socorro”.
Entre los redentoristas más recordados tenemos al P. Francisco Padilla Moraza, quien llegó a Mérida el 3 de Julio de 1933 como rector de la Comunidad misionera de La Tercera, sus sermones en las fiestas de Corpus, de la Virgen del Carmen, La Asunción, Santiago Apóstol y Santa Ana, junto a su promoción de las Cuarenta Horas al Divino Sacramento, son columnas de fe en nuestra ciudad serrana. Además de emprender la ruta misionera por el territorio andino.
En 1933 el célebre padre Ortega formó parte de la avanzada misionera que recorrió el vasto territorio de los pueblos del sur.
En octubre de 1976, el diario El Vigilante presentó amplio homenaje a las bodas de oro redentoristas en Mérida, bajo la pluma de Miguel F. Aparicio, deja testimonio de la visita pastoral del Arzobispo Chacón Guerra por tierras de Zamora y Mérida, en enero de 1934, visitando 22 pueblos y aldeas, con la compañía del Padre Leonardo González Cudeiro, nacido en Vilar del Monte-España en 1899, quien dejó profunda huella como misionero en Colombia y Venezuela, además de servir como médico, arquitecto, farmacéutico y pintor. En 1950 trazó los planos del hermoso templo de Lobatera. No hay libro de gobierno donde no quede la firma estampada de estos hombres de Dios y su servicio fecundo de directores espirituales y confesores.
La crónica de 1937 comienza de esta manera: “empieza el año con gran entusiasmo en la Obra de la reparación de la iglesia. Los mismos Padres y el Hermano toman parte en los trabajos…” aunado al papel del Padre Eustaquio Villanueva secretario, confesor y predicador de las largas visitas pastorales del Arzobispo constructor por la amplia geografía merideña.
Para 1938 llama la atención el acompañamiento de los reverendos redentoristas a las tradiciones de piedad popular de los merideños, como “el tránsito en Milla, Santa Filomena en Catedral, Santa Eduviges en El Llano, el sermón de Cristo Rey en Montalbán, Ejido, y las novenas a la Inmaculada. Junto a la predicación de los ejercicios espirituales a las Dominicas merideñas.
En los últimos años de presencia redentorista en Mérida, el padre redentorista Francisco Revilla Casado, llenó el corazón de los merideños desde 1973 hasta su regreso a España en 2004. En mi memoria pervive el recuerdo de su presencia profética y paterna cercanía en mi pueblo Canaguá, con la misión preparatoria a la visita de San Juan Pablo II en 1985.
Con admiración y gratitud celebramos su primer centenario, luego de casi dos décadas de estar cerrada la obra en Mérida. Desde el pasado 6 de mayo de 2026, ya están entre nosotros, de nuevo se abre la cruz misional y vuelve a brillar en Mérida,y con ella,la certeza de que en Él hay abundante redención.
Mérida, 18 de octubre de 2026