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Seminario San Buenaventura clausuró el año académico con la institución de nuevos ministerios

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En la festividad de San Buenaventura, patrono del Seminario Arquidiocesano, la Iglesia merideña dio gracias por un nuevo año de formación sacerdotal y celebró la institución de los ministerios del lectorado y acolitado

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(15-7-2026) El miércoles 15 de julio, en el marco de la fiesta litúrgica de San Buenaventura, patrono del Seminario Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida, se celebró la clausura del año lectivo con una solemne Eucaristía presidida por monseñor Helizandro Emiro Terán, arzobispo metropolitano de Mérida, concelebrada por monseñor Luis Alfonso Márquez, obispo auxiliar emérito de Mérida, junto a sacerdotes del clero arquidiocesano.

Durante la celebración fueron instituidos en el ministerio del lectorado los seminaristas Eduardo Ruiz y José Daniel Arenas, mientras que César Paredes recibió el ministerio del acolitado, pasos importantes dentro del proceso formativo hacia el sacerdocio ministerial.

El ministerio del lectorado confía al seminarista la misión de proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones litúrgicas, preparar a los fieles para recibir dignamente los sacramentos y promover el conocimiento de la Sagrada Escritura, convirtiéndose en un auténtico servidor del Evangelio.

Por su parte, el ministerio del acolitado vincula al candidato de manera más estrecha con el servicio del altar, asistiendo al sacerdote y al diácono en la celebración de la Eucaristía, distribuyendo la Sagrada Comunión cuando sea necesario y llevando el Santísimo Sacramento a los enfermos, como signo de la cercanía de Cristo con quienes más lo necesitan.

Durante su homilía, monseñor Helizandro Terán recordó que la celebración de San Buenaventura invita a comprender que el conocimiento es un itinerario de ascenso espiritual hacia Dios y no un simple logro académico.

El arzobispo señaló que la formación sacerdotal no puede reducirse al ámbito intelectual, sino que debe integrar armónicamente las dimensiones humana, espiritual, pastoral y académica.

En ese sentido, recordó que el estudio de la teología, la Sagrada Escritura y la doctrina de la Iglesia no tiene como finalidad aprobar exámenes, sino encender el corazón del futuro sacerdote y convertirse en una prolongación de la liturgia. Asimismo, exhortó a los seminaristas a cultivar una profunda vida de oración y adoración eucarística, desarrollando, como enseñaba San Buenaventura, el apex affectus, es decir, la capacidad de amar a Dios con un corazón íntegro y de reconocer a Cristo presente en los hermanos, especialmente en los más necesitados.

A los nuevos lectores les recordó que su misión comienza escuchando primero la Palabra en el silencio del corazón.

«No se puede anunciar a quien no se conoce», expresó el arzobispo, invitándolos a meditar diariamente las Escrituras para que su proclamación sea fruto de una vida transformada por el Evangelio.

Dirigiéndose a César Paredes, quien recibió el ministerio del acolitado, destacó la íntima relación de este servicio con el misterio de la Eucaristía.

Le recordó que el cuidado del altar debe prolongarse en el servicio a los más pobres y necesitados, reconociendo en ellos el mismo Cuerpo de Cristo.

Finalmente, el arzobispo encomendó a los tres seminaristas a la protección de la Santísima Virgen María, presentándola como modelo perfecto del lector y del acólito: la mujer que escuchó la Palabra, la guardó en su corazón y ofreció plenamente a su Hijo para la salvación del mundo.

Asimismo, el rector del Seminario San Buenaventura, el padre Ramón Paredes, dirigió unas palabras de agradecimiento por el año académico que finaliza.

El sacerdote expresó su gratitud a Dios por los frutos alcanzados durante el período formativo, reconociendo el esfuerzo, la dedicación y la perseverancia de cada uno de los seminaristas en su camino de discernimiento vocacional.

Asimismo, agradeció la entrega de los sacerdotes formadores y los laicos formadores, quienes acompañan diariamente el crecimiento humano, espiritual, intelectual y pastoral de los futuros presbíteros, así como el apoyo constante de las familias, que con su oración, cercanía y testimonio continúan siendo un pilar fundamental en la respuesta generosa de sus hijos al llamado del Señor.

La celebración concluyó en un ambiente de alegría, acción de gracias y esperanza, renovando el compromiso del Seminario Arquidiocesano San Buenaventura de continuar formando sacerdotes según el corazón de Cristo, al servicio de la Iglesia y del pueblo de Dios.