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Una temporada de oración filial, de solidaridad y de fervor cristiano vivieron los ejidenses durante más de un mes, al celebrar la memoria de San Buenaventura, patrono de la Basílica Menor y de la Ciudad de Ejido
César Briceño/Pasante ULA
Desde el pasado mes de junio, la Basílica Menor San Buenaventura de Ejido inició la celebración de las fiestas patronales, al conmemorarse los 376 años de la fundación de la ciudad ejidense y el Año Arquidiocesano de la Espiritualidad.
Los diferentes sectores y comunidades de la parroquia organizaron las romerías de la peregrinación del santo con música, procesiones y celebraciones eucarísticas en cada una de las zonas que recorrió la imagen del patrono.

En el marco de esta celebración, la basílica desarrolló diversas actividades para la recolección de fondos destinados a la restauración de la infraestructura del templo. A través de la campaña «Manos unidas por nuestra basílica», los grupos de apostolado participaron de caminatas y vendimias para apoyar la causa que une a la comunidad parroquial.
Además, en unión con la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Montalbán, se realizó la típica procesión del «Intercambio de imágenes», donde los feligreses peregrinan con las imágenes de sus patronos desde una parroquia hasta la otra, para participar de la celebración eucarística y los honores propios que le rinden a cada santo.
Este momento de encuentro y oración fue propicio para elevar una plegaria por los venezolanos, quienes sufren y padecen los desastres causados por los terremotos del pasado 24 de junio.
Los pilares para la santidad de San Buenaventura

En la celebración central, el arzobispo metropolitano de Mérida, monseñor Helizandro Terán, presidió la eucaristía, en compañía de los sacerdotes de la zona y los seminaristas que cursan sus estudios en el Seminario Arquidiocesano de Mérida.
En su homilía, quiso destacar las virtudes del honorable San Buenaventura, un hombre intelectual que nunca dejó de amar a Dios con la intensidad del corazón.
La enseñanza del seráfico padre está en reconocer la capacidad de saborear y deleitarse en las cosas de Dios, para enamorarnos de Él. San Buenaventura es un ejemplo claro de un corazón que se desborda por Dios», expresó monseñor.
Dentro de su catequesis, enfatizó a la feligresía sobre los aspectos más importantes de la vida del santo patrono, relacionados muy estrechamente con el Año de Espiritualidad.

«Hay cuatro pilares que nos regaló San Buenaventura; estos nos invitan a la santidad y a la cristificación. Evitar el pecado, orar para obtener la gracia, meditar la palabra y ser cristianos contemplativos, esos son los pasos claves a seguir», aseveró el prelado a los fieles.
Asimismo, el arzobispo aprovechó la oportunidad para felicitar a la población de Ejido por su 376.º aniversario y a la comunidad parroquial por los trabajos conjuntos realizados para restaurar la basílica.
Una vez concluida la celebración eucarística, el pueblo recorrió las principales calles de la ciudad con la imagen del santo, en una procesión animada por los grupos y coros de la parroquia.
San Buenaventura es ejemplo de fe, amor al mensaje del evangelio y oración profunda, que se demuestra en la feligresía que vivió las fiestas patronales con un corazón desbordado del amor de Cristo.