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Memoria en custodia: La centenaria visita del nuncio a Mérida

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 Por Pbro. Edduar Molina E.

“Nos es grato, venerables cooperadores y amados hijos, anunciaros la feliz visita del Excelentísimo Señor Cortesi, Nuncio Apostólico, en el venidero mes de agosto, memorable ocasión en la que será conferido el orden sacerdotal al diácono José Humberto Quintero. Os exhorto a que multipliquéis vuestras oraciones para impetrar del Padre de las Misericordias que todo sea para su mayor gloria, en agradecimiento de su Iglesia y santificación y glorificación de las almas. Disponemos que estas letras sean leídas en la iglesia Catedral de esta ciudad el día 25 de julio, y en las demás iglesias el primer domingo, después de recibidas, y que en todas se cante un Te Deum, con exposición de la Divina Majestad para dar gracias”.

Antonio Ramón Silva, arzobispo de Mérida.

Mérida, julio 15 de 1926.

Con esta memorable carta pastoral, Monseñor Silva anuncia la primera vez que llegaría a Mérida el segundo nuncio designado por la Santa Sede para cumplir misión diplomática en Venezuela.  Antes había estado Monseñor Francesco Marchetti Selvaggiani, desde 1918 hasta 1920, primer nuncio apostólico acreditado ante el gobierno nacional.

El hecho más importante que marcó, sin duda, esta primera visita fue el haber conferido el orden sagrado de los presbíteros al primer cardenal venezolano, José Humberto Quintero Parra, el 22 de agosto de 1926 en la catedral merideña.

Así lo refiere el Padre Néstor Fernández Pacheco en su libro Perfiles sacerdotales: “…concluida la teología, estaba ya en el dintel del presbiterado y he aquí que, cuando su Prelado, Mons. Silva, que se disponía gozoso a concedérselo, llegó a Mérida en despedida el Nuncio Apostólico Felipe Cortesi, quien pidió al arzobispo le permitiera ordenar de Presbítero a su dilecto Diácono Quintero…”

Por relatos orales se conoce que recorrió la carretera trasandina hasta tierras tachirenses de San Antonio. A nuestra Mérida serrana, aun cuando no hay una fecha precisa de su llegada, se sabe, además de la ordenación del cardenal Quintero en Catedral, el acto de homenaje que se le rindió en el Palacio episcopal el 26 de agosto de 1926, según consta en la Sección 45B “Libros Varios” de nuestro Archivo Arquidiocesano.

Con gesto de fina cortesía y gran reverencia por parte de nuestro primer arzobispo. Monseñor Antonio Ramón Silva, dice así el acta: “Hizo su primera visita el Excelentísimo e Ilustrísimo Señor Dr. Felipe Cortesi, Nuncio Apostólico en Venezuela; y en este acto tomó asiento en el venerable “canapé” del Obispo de Jericó, al lado del Excelentísimo Señor Arzobispo de Mérida, Doctor Antonio Ramón Silva, quien dispuso que el nombre del Excmo. Sr. Cortesi se grabe también en dicho mueble para perpetua memoria. En honor del ilustre huésped, se tocaron por breves instantes las campanas milenarias del museo”.

Ya en meses anteriores, había comunicado el nuncio Cortesi al Prelado Silva sobre la designación del recordado Monseñor Clemente Mejía como Protonotario Apostólico del Papa Pío IX, el 16 de mayo de 1926. Merecido reconocimiento al clero merideño.

El interés de Monseñor Felipe Cortesi para nuestra Iglesia merideña quedó materializado en la elevación de nuestra Iglesia particular a la dignidad de Arquidiócesis, el 11 de junio de 1923, gracias a su mirada visionaria, cuando apoyó el proyecto de la provincia andina, y para dar cumplimiento al Decreto de la Bula del Papa, comunicó bajo correspondencia de la Nunciatura, con el número 1417, de fecha 28 de julio de 1923, al Obispo de Mérida las siguientes letras: “Cábeme la satisfacción de comunicar a V.S.I. que nuestro Santísimo Padre el Papa Pío XI se ha dignado decretar la erección canónica de la Arquidiócesis de Mérida, con sufragáneas las Diócesis del Zulia y San Cristóbal, y promover al propio tiempo a V.S.I. a la dignidad de Arzobispo de Mérida…”.

Ya en el ocaso del episcopado del arzobispo Silva, el nuncio Cortesi comunicó la designación de monseñor Chacón como coadjutor de Mérida, junto a la noticia de otro sacerdote de nuestro clero, monseñor Enrique María Dubuc, como obispo de Barquisimeto, con estas palabras: “Felicitamos a la Diócesis de Mérida, porque estos dos nuevos obispos han salido del clero formado por el Ilmo. Señor Silva; así mismo, de ese clero salieron el Ilmo. Rincón, arzobispo de Caracas, y el Sr. Mejía, obispo de Guayana. De fecha 4 de mayo de 1926.

El 19 de octubre de 1926 iniciaba monseñor Cortesi en Argentina su nueva misión diplomática. En su despedida de Venezuela, recibió carta del arzobispo Silva, en donde le expresa: “Aún perdura fresco entre nosotros el recuerdo del ilustre diplomático pontificio que supo, merced a sus raras y exquisitas dotes, captarse las más profundas simpatías en Venezuela y cuyo nombre quedó íntimamente ligado a los anales de nuestra historia patria, por sus constantes desvelos en pro del adelanto moral religioso y material de nuestro país”. Además, sirvió como nuncio en Paraguay (1928); dejó huella su mediación en el intercambio de prisioneros entre Paraguay y Bolivia durante la guerra en la zona del Chaco Boreal en 1934. Y luego en Polonia, siendo memorables sus gestiones por la paz en medio de la invasión nazi en los avatares de la Segunda Guerra Mundial.

Celebramos con la visita del actual nuncio, monseñor Alberto Ortega, el centenario de la primera visita de un representante del sucesor de Pedro en estas tierras andinas. Que sea renovación y que el llamado a trabajar por la paz y el bien de todos sea escuchado en el corazón de nuestro pueblo merideño. Termino con las palabras del Papa León XIV al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede el 9 de enero de este año: “San Agustín enfatiza que los cristianos están llamados por Dios a habitar en la ciudad terrenal con el corazón y la mente puestos en la ciudad celestial, su verdadera patria. Al mismo tiempo, los cristianos que viven en la ciudad terrenal no son ajenos al mundo político y, guiados por las Escrituras, buscan aplicar la ética cristiana al gobierno civil”.