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Pbro. Edduar Molina
El Museo arquidiocesano “Antonio Ramón Silva García”, institución creada a principios del siglo XX bajo su impulso y dirección, nace para exaltar la gesta independentista de la patria, en el marco de su primer centenario.
Así lo expresó el decreto de fundación de fecha 10 de agosto de 1909, firmado además por su canciller-secretario Pbro. Doctor Evaristo Ramírez, en documento dirigido al cabildo, clero y fieles de la Diócesis, en el cual les solicita su participación en esta celebración: “…es un deber de la Diócesis de Mérida, participar en la celebración del primer Centenario de nuestra Independencia, que se hará el 5 de julio de 1911…”
Gracias a este decreto el Arzobispo Silva impulsa la creación de un museo donde se ingresó gran variedad de objetos, en los que se demuestra su agudo conocimiento en todos los campos de las ciencias, lo que va desde la botánica, zoología, mineralogía, historia, que a su vez se encontraba subdividida en historia eclesiástica para conservar, como su nombre lo indica, los objetos pertenecientes al culto religioso, e historia civil o profana. Hasta llegar a la sección quinta de arte e industria, donde se conservaron objetos de arte y manualidades realizados por indígenas y criollos.
Y la segunda parte del plan de instrucciones está formado por la sección de productos extranjeros que comprendió cualquier objeto natural, artificial o histórico que procedían del exterior.
Es de admirar la metodología utilizada con respecto a la conservación, registro e inventario, considerada como adelantada a su tiempo. Así lo demuestra en todo su plan e instrucciones: “…que cada objeto que ingrese al museo debe enviarse en buenas condiciones para lograr su debida conservación, y evitar de esta manera el riesgo de perder la pieza por el estado en que se encuentra” (…) De este modo, nuestra Diócesis de Mérida se convirtió en la primera en contar una sede museística propia, en Venezuela.
Después de 117 años de fructífera labor, pervive el ideal del pastor Silva, de “evangelizar la cultura”, que en palabras del Papa León XIV, consiste en seguir el camino de Dios, en entrar con respeto y amor en la historia concreta de los pueblos para que Cristo pueda ser verdaderamente conocido, amado y acogido desde dentro de su propia vivencia humana y cultural … Esto implica asumir las lenguas, los símbolos, las formas de pensar, de sentir y de expresarse de cada pueblo, no sólo como vehículos externos del anuncio, sino como lugares reales en los que la gracia desea habitar y actuar”.
Palabras que bien pudiéramos encarnar en el fructífero episcopado de Monseñor Antonio Ramón Silva García, quien con una mirada visionaria y profética se hizo guardián de los tesoros de la fe, en sus lenguajes y símbolos andinos, en la comprensión del pensamiento del hombre de la montaña, que expresa de manera sencilla, diversas y variadas formas de vida que se manifiestan en la riqueza de su religiosidad popular y devociones, moldeadoras de normas de vida familiar que son gran lección social y modelo de iglesia doméstica.
Para festejar esta efeméride, la Vicaria de Patrimonio y la dirección del museo prepararon la importante programación “Kairós 117”, aperturada el lunes 10 de agosto con el acto protocolar a cargo del Arzobispo Metropolitano Monseñor Helizandro Terán, quien exhortó al museo para siga siendo “aula abierta” indispensable para comprender la espiritualidad de nuestros ancestros, además de motivar a continuar el trabajo de celosos centinelas de la memoria histórica. Asimismo, me correspondió como Vicario de patrimonio, la conferencia: “Mons. Silva, evangelizador de la cultura”. Culminando con una muestra de imaginería restaurada de la Catedral y la presentación de la obra “Libre Vermell”, ejecutada por el Orfeón de la ULA y la compañía Coreoarte.
Durante toda la semana se contó con destacadas conferencias sobre el arte sacro y la ciencia museística, eucaristía en catedral y entrega de reconocimientos, para culminar el sábado 15 con especial concierto de clausura, a cargo del coro “Pneuma” del director Argenis Rivera.
Nuestra gratitud a la Arq. Rosmary Urrea, su directora, junto a todo su equipo de trabajo, por el esfuerzo y laborioso empeño para dar brillo a nuestro museo.
Al celebrar su aniversario hacemos memoria agradecida a todos los pastores que han portado el báculo emeritense, como guía de luz y diálogo permanente entre la fe y la cultura.
Un aniversario para honrar, con palabras del merideño Cardenal José Humberto Quintero, a nuestro primer arzobispo emeritense: «Pocas veces ha aparecido una cabeza mejor modelada para la regia majestad de la mitra, ni una mano más hábil para el imperio del báculo, ni un dedo más digno del anillo pontifical, que la cabeza ilustre, la mano firme y el dedo aristocrático del Excelentísimo señor Silva.
Para Pontífice tan grande, bien estaba, pues, como trono la altura de la Nevada Sierra; para la voluntad tan varonil, ningún pedestal mejor que aquellas rocas inmutables; a inteligencia tan alta, bien correspondían esas cumbres de águilas; para alma tan noble y limpia, nada más propio que el eterno candor de las perpetuas nieves».
Que la innovadora obra del infatigable Monseñor Silva, acompañe nuestro esfuerzo por seguir ofreciendo a Mérida la huella evangelizadora de hombres y mujeres que encumbran cada día la ciencia y el Evangelio en el más noble servicio a la Iglesia y a la Patria.
Mérida, 16 de agosto de 2026.