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Cada 15 de agosto, la Iglesia universal conmemora el dogma de la Virgen María asunta al cielo. En la Arquidiócesis de Mérida, dos parroquias celebran jubilosas este día de fiesta a la Madre del Cielo, luz y guía de la feligresía andina
César Briceño / Pasante ULA
(16-08-2026) La Arquidiócesis de Mérida tiene como patrona a la Virgen María Inmaculada Concepción, un dogma de fe arraigado en la iglesia universal y que recuerda la intención divina de ser la Madre de Dios.
Otro de los dogmas marianos, el último y más reciente de los cuatro, es el que declara que la Virgen María fue asunta al cielo por la gracia de Dios al culminar su vida terrenal.

Dos parroquias de Mérida dedican su patronazgo a esta advocación. Nuestra Señora de la Asunción es la patrona, ejemplo y guía de la población de Santa María de Caparo del Arciprestazgo San Benito de Palermo, y de El Cástor del Arciprestazgo San José.
Durante la celebración de estas fiestas patronales, ambas parroquias organizaron novenas, eventos y actividades especiales para honrar a la Madre de la Asunción.
La feligresía se desplegó por los diferentes sectores de las parroquias y esparció el fervor mariano entre las comunidades.
Santa María de Caparo, la espiritualidad mariana presente
En el pueblo de Santa María de Caparo, la celebración incluyó el novenario previo a la fiesta central.
Todas las aldeas y sectores se abocaron a la organización de las misas diarias en honor a la Virgen, para pedir por las necesidades de los pueblos que sufren y padecen por los desastres socionaturales actuales.
Uno de los eventos centrales se realizó la noche de la víspera de la fiesta: Un desfile iluminado con la imagen de la patrona, acompañada por los grupos de apostolado y agrupaciones culturales, quienes rindieron homenaje a la Madre del cielo mediante cantos, bailes y recitales de poesías marianas.

Durante la eucaristía del día central, monseñor Helizandro Terán, arzobispo metropolitano de Mérida, presidió la celebración a casa llena, con la presencia de un grupo de jóvenes que recibieron el sacramento de la confirmación.
En su homilía, el arzobispo destacó las virtudes de la Virgen, con especial atención en el don mariano de la humildad, y explicó el pasaje bíblico del encuentro con Santa Isabel, para enseñar a los presentes la importancia del servicio y la entrega desinteresada por los hermanos, especialmente por los desfavorecidos.
Para concluir las fiestas, la imagen de la Virgen recorrió el pueblo en una animada y especial procesión, que permitió a los presentes elevar sus oraciones para que la Madre del Cielo interceda por cada una de ellas.
Entre cantos y luz: La Asunción de la comunidad El Cástor
Por su parte, la parroquia Nuestra Señora de la Asunción de la Urbanización El Cástor dedicó el novenario a exaltar la importancia del Santo Rosario en la vida de los cristianos.
Día a día, se organizó el rezo del rosario en un sector diferente de la comunidad, donde se abarcó a la feligresía en general, incluidos los comerciantes y residentes de la zona.
Un momento especial que se vivió en la celebración de las fiestas patronales fue el rosario iluminado; un espacio donde la luz de la Virgen recordó a los participantes la importancia de mirar al cielo para encontrar en Cristo la luz infinita que disipa las tinieblas y la oscuridad del mundo.
En la víspera de la celebración principal, distintos grupos y coros invitados de varias parroquias dedicaron un repertorio especial a la Virgen durante la Serenata Mariana.

El Grupo Alaba, el coro de la parroquia Nuestra Señora de Belén, los Amiguitos de María y otras agrupaciones amenizaron una velada cargada de espiritualidad y amor maternal de la Virgen.
El padre José Gregorio Méndez, vicario general de la arquidiócesis, fue el encargado de presidir la eucaristía solemne, en compañía de varios sacerdotes del arciprestazgo.
Durante su predicación, el padre Méndez explicó a los fieles el dogma mariano que acompaña a esta comunidad parroquial y detalló sobre la acción de Dios en el misterio de la encarnación y asunción de la Virgen.
«La asunción de María nos recuerda que algún día podremos participar de la gloria eterna en el Reino de los Cielos», expresó el padre.
Además, recordó la fuerza que tiene para la iglesia el rosario y la oración de El Magnificat, recitada durante la liturgia de la palabra del día y que es un canto fresco de alabanza a Dios, expresada desde la humildad del corazón de María.
La arquidiócesis, en esta fecha tan significativa, quiso recordar a la feligresía las bondades de la Virgen María y su cercanía con los cristianos, desde el amor maternal y la entrega a los necesitados.