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Júbilo eclesial en Lagunillas: La feligresía del Arciprestazgo San Isidro Labrador recibió al nuncio apostólico

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Con expresiones de fe, alegría y fraternidad, la feligresía del Arciprestazgo San Isidro Labrador recibió el lunes 28 de septiembre a Monseñor Alberto Ortega Martín, nuncio apostólico en Venezuela, durante su visita pastoral a la Arquidiócesis de Mérida

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(28-09-2026) Desde tempranas horas de la mañana, fieles provenientes de las distintas comunidades del arciprestazgo se congregaron en las inmediaciones del Mercado Artesanal de La Variante para dar la bienvenida al representante de la Santa Sede en Venezuela.

Banderas, cantos y diversas manifestaciones de afecto acompañaron este primer encuentro, en el que participaron también autoridades locales, estudiantes de la Unidad Educativa Ciudad de Lagunillas y una representación del pueblo indígena Quinaroes.

Como signo de identidad y fraternidad, representantes de la comunidad indígena hicieron entrega a Monseñor Alberto Ortega de elementos propios de su cultura, como expresión de la riqueza de las tradiciones y de la identidad de los pueblos que conforman esta región merideña.

Posteriormente, el nuncio apostólico emprendió una caravana desde La Variante hasta la Parroquia Santiago Apóstol de Lagunillas. A su llegada al templo, fue recibido por integrantes del grupo de danzas Los Locos de San Isidro, procedentes de Pueblo Nuevo, quienes ofrecieron una manifestación tradicional en honor al visitante.

También estuvieron presentes miembros del Sistema de Orquestas de Lagunillas, quienes acompañaron musicalmente este momento de bienvenida.

Antes de ingresar al templo parroquial, el embajador del Vaticano saludó a los presentes y, una vez dentro, dirigió su oración ante el Santísimo Sacramento. Seguidamente, recibió las palabras de bienvenida por parte de la comunidad parroquial, dando paso a la celebración de la Santa Eucaristía.

La celebración eucarística fue presidida por el nuncio apostólico y concelebrada por monseñor Helizandro Terán, OSA, arzobispo metropolitano de Mérida, junto a los sacerdotes del Arciprestazgo San Isidro Labrador y otros presbíteros de la Arquidiócesis de Mérida.

Durante su homilía, monseñor Alberto Ortega transmitió a la comunidad el saludo y la cercanía del papa León XIV, invitando a los fieles a vivir este encuentro como una oportunidad para fortalecer la comunión y caminar unidos en la fe.

Uno de los aspectos centrales de su reflexión fue la confianza en Dios, especialmente en medio de las dificultades.

A partir de la Palabra de Dios, el Nuncio recordó que las adversidades no significan la ausencia del Señor, sino que, aun en los momentos más complejos, el creyente está llamado a reconocer que Dios permanece a su lado y sostiene a su pueblo.

En este sentido, exhortó a los presentes a mantener viva la esperanza y a confiar en que, con la fuerza que viene de Dios, es posible afrontar los desafíos y continuar construyendo.

Asimismo, destacó la importancia de la comunión, la acogida y el caminar juntos como expresión concreta de la vida cristiana. Al reflexionar sobre la invitación de Jesús a hacerse como niños, señaló que la grandeza dentro de la comunidad no se encuentra en el poder o en las posesiones, sino en la capacidad de acoger, servir y reconocer al otro como hermano.

En esta línea, invitó a construir una Iglesia de puertas abiertas, donde todos tengan un lugar y donde la diversidad pueda convertirse en una oportunidad para colaborar y edificar juntos.

La comunión, explicó, permite superar divisiones y poner a Dios en el centro de la vida comunitaria, para avanzar unidos en la construcción de una sociedad inspirada en el amor, el bien común y la fraternidad.

El representante pontificio también hizo referencia a la figura de San Isidro Labrador, patrono del arciprestazgo y santo especialmente vinculado a la tradición de esta comunidad, destacando su testimonio de trabajo, vida familiar y búsqueda de la santidad.

La visita de monseñor Alberto Ortega Martín al Arciprestazgo San Isidro Labrador se vivió así como un encuentro de fe y fraternidad que reunió a comunidades parroquiales, sacerdotes, familias, jóvenes, representantes de las instituciones educativas, autoridades y miembros de los pueblos originarios, fortaleciendo los vínculos de comunión con la Iglesia universal y con el sucesor de Pedro.