Las montañas del páramo merideño se estremecieron con pólvora, cantos y fervor en honor a San Benito de Palermo, el “Santo Negro”, cuya devoción une a pueblos enteros en una de las manifestaciones más intensas de la religiosidad andina. Mucuchíes y Timotes dieron inicio a las celebraciones que cada año congregan a miles de fieles y visitantes