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El Seminario San Buenaventura inició el nuevo año académico 

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Con la Lectio Inauguralis y la celebración eucarística presidida por el arzobispo metropolitano, los seminaristas y el equipo de formadores del Seminario Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida iniciaron un nuevo año académico, bajo la sombra del Espíritu Santo y el amparo de la Inmaculada Concepción

César Briceño/Pasante ULA

(06-10-2026) El lunes 5 de octubre, el Seminario Arquidiocesano San Buenaventura de Mérida abrió sus puertas para iniciar el año académico 2026-2027, con mucho entusiasmo y con el espíritu de excelencia que caracteriza esta casa de formación sacerdotal.

El padre Ramón Paredes, rector del seminario, se encargó de dar la bienvenida a los presentes, donde expresó la alegría de la iglesia merideña por sumar nuevas vocaciones sacerdotales en este año académico.

Además, destacó la necesidad de mantener actualizados los conocimientos de los formandos en relación con la doctrina de la Iglesia. 

“El inicio de un nuevo año académico nos convoca, no solo al rigor intelectual, sino también al discernimiento del signo de los tiempos. La acelerada evolución de la IA plantea desafíos antropológicos, éticos y pastorales sin precedentes, a los que la encíclica del papa nos ofrece herramientas para solventarlos, desde la dignidad humana”, señaló el rector en su discurso de bienvenida. 

El espacio para la formación intelectual 

Esta bienvenida estuvo marcada por dos momentos especiales en los que participaron los seminaristas y los formadores, unidos en la hermandad de Cristo. El primero de estos fue la Lectio Inauguralis, cuyo tema central se tituló “La inteligencia artificial a la luz de la encíclica Magnifica Humanitas de SS León XIV”.

El ponente invitado fue el doctor Jonás Arturo Montilva, presidente de la Academia de Mérida, quien reflexionó con profundidad sobre la encíclica papal, publicada el pasado mes de mayo, donde se aborda desde la perspectiva del pontífice la postura de la humanidad frente a la inteligencia artificial (IA).

«La IA aún no es capaz de superar la inteligencia humana; ellas no pueden sentir y eso nos diferencia. Las emociones son propias del ser humano y no se comparan con la forma de actuar de la inteligencia artificial; eso lo resalta el Santo Padre en su encíclica», explicó el ponente.

Si bien, para marzo de 2023 ya se había escrito sobre los impactos del uso desmedido de la inteligencia artificial, una de las mayores preocupaciones del papa con relación al tema es que se convierta en una herramienta que vaya en contra de la paz y se asuma como un actor para agudizar los conflictos. 

Los seminaristas participaron en un nutrido debate. Allí pudieron escudriñar a profundidad la encíclica del Santo Padre y compararla con su camino de formación pastoral. 

La eucaristía como alimento de la vocación sacerdotal 

El segundo momento se dedicó a preparar y participar del banquete eucarístico. La misa fue presidida por monseñor Helizandro Terán, arzobispo metropolitano de Mérida, quien dirigió unas palabras de aliento y una oración fraterna por los jóvenes que cursan su camino vocacional en la casa que, a su criterio, ha sido el corazón palpitante de la Iglesia merideña.

«Cada inicio de curso es un don de la misericordia de Dios. Nos encontramos aquí porque el Maestro ha sostenido la mirada sobre cada uno de ustedes y les ha dicho: “Sígueme”. «Sólo el Espíritu los puede configurar con Cristo Buen Pastor, y ese Espíritu nos enseña a caminar detrás de Cristo, es decir, a seguirle», expresó monseñor Helizandro.

Durante su homilía destacó las virtudes que debe tener un sacerdote, cuya formación intelectual debe equipararse con la formación espiritual, sin olvidar que el fin de los pastores es enamorarse cada día más de Jesús Eucaristía, principio y culmen de la vida consagrada. 

«Un buen sacerdote se forma con la oración. No tiene sentido conocer las escrituras si no aplicamos la palabra en nuestras vidas, y para lograrlo es importante saber doblar las rodillas para orar. Un religioso que no es capaz de adorar a Cristo, se convierte en un simple administrador de lo sagrado», afirmó el pastor.

Para concluir, expresó su gratitud a los formadores, los seminaristas y los trabajadores de la casa formativa, quienes han ayudado a mantener viva la llama de la formación sacerdotal en la arquidiócesis. 

Esta actividad marca el comienzo del recorrido de un año que será el primero para algunos, y el final del camino académico de otros que están próximos a consagrarse de manera definitiva a Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote de vida.