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Encuentros de formación, confraternización, deporte y oración fueron los pilares de la semana del seminario celebrada en la Provincia Eclesiástica de Mérida, que permitió a los formandos estrechar lazos de amistad y compartir su vocación con otros jóvenes
César Briceño/Pasante ULA
(23-06-2026) La Arquidiócesis de Mérida, a través del Seminario San Buenaventura, se unió a la celebración de la Semana del Seminario con una serie de actividades, desarrolladas entre el lunes 15 y el domingo 21 de junio.
Los seminaristas que integran esta casa de formación participaron de diferentes encuentros formativos, deportivos, de oración y de esparcimiento, para fortalecer la fraternidad cristiana, no solo entre ellos, sino con los formandos de otras diócesis.

La semana festiva inició con la celebración eucarística presidida por el Arzobispo Metropolitano de Mérida, Monseñor Helizandro Terán, acompañado por el rector y los sacerdotes formadores del seminario.
Durante su homilía, el arzobispo invitó a los formandos a permanecer en constante oración por su vocación y por el desarrollo de las diferentes actividades de la semana. Además, destacó la importancia de las vocaciones a la vida sacerdotal y el impacto que tiene ser seminarista en medio de la sociedad actual.
Los dos días posteriores, martes y miércoles, fueron dedicados a la fraternización de los seminaristas, mediante visitas guiadas y paseos a lugares turísticos de la entidad merideña.
Los juegos interseminarios, un espacio para la fraternización

Una de las actividades centrales de la semana fue el encuentro deportivo Interseminarios, celebrado entre el jueves 18 y el sábado 20 de junio, cuya sede fue el Seminario Diocesano Mayor Sagrado Corazón de Jesús de Trujillo.
Este evento se realizó entre las cuatro casas de formación de la Provincia Eclesiástica de Mérida, que incluye los seminarios de Mérida, Barinas, San Cristóbal y Trujillo.
Los seminaristas participaron de diferentes disciplinas como fútbol campo, voleibol, baloncesto y juegos de mesa, que permitieron el compartir fraterno desde la competencia sana y el esparcimiento entre los formandos.
La delegación de Mérida contó con la participación de 19 seminaristas, así como el acompañamiento del rector del seminario, el padre Ramón Paredes, y del diácono Johan Molina, formador del seminario y representante deportivo.

Este encuentro no se limitó solo al deporte; también permitió a los seminaristas vivir un momento de oración con la misa inaugural, presidida por Monseñor José Trinidad Fernández, obispo de la diócesis de Trujillo.
La clausura del encuentro se realizó el sábado por la tarde con la entrega de los reconocimientos para los ganadores de las diferentes disciplinas deportivas, así como el anuncio de la sede del año próximo, donde se designó a Mérida como punto de encuentro para acoger a los seminaristas de la provincia.
Además, los jóvenes recorrieron sitios emblemáticos de la entidad andina, como el monumento a la Virgen de la Paz y el Santuario de San José Gregorio Hernández en Isnotú, donde participaron de la eucaristía celebrada por Monseñor José Magdaleno Álvarez, obispo de la diócesis de Guasdualito.
Este encuentro, en la tierra del primer santo venezolano, permitió a los jóvenes compartir la alegría del evangelio mediante el deporte y la confraternización.
El llamado a las nuevas vocaciones
A la par del encuentro deportivo, en Mérida se desarrolló la III Convivencia Vocacional, entre el viernes 19 y el domingo 21, en las instalaciones del seminario San Buenaventura.
El padre Edgar Quintero, vicerrector del curso propedéutico y encargado de la pastoral vocacional de la arquidiócesis, fue el responsable de dirigir esta convivencia, donde participaron 24 jóvenes provenientes de diferentes parroquias.
Bajo la iluminación bíblica «¡Te basta mi gracia!; la fuerza se realiza en la debilidad» (2ª Corintios 12,9), fueron guiadas las actividades que buscaron explorar en la dimensión humana, espiritual, intelectual y pastoral de los participantes, a través de espacios deportivos, formativos y de oración.
Los sacerdotes Rubén González y Leonardo Arellano fueron algunos de los encargados de dictar las charlas y conversatorios, el rosario iluminado y la visita pastoral, realizada a la parroquia San Juan Pablo II de Zumba.

El retorno de los jóvenes a sus hogares contó con la bendición de monseñor Helizandro, quien ofreció unas palabras de aliento y oró por el discernimiento de las vocaciones de los presentes.
El llamado a la vida sacerdotal
El padre Edgar reiteró la invitación para que los jóvenes se sumen al camino religioso, a través de la participación en el Cursillo de admisión que se realizará del 15 al 19 de julio.
Este encuentro es abierto a los jóvenes que ya han egresado de bachillerato y representa el paso definitivo para ingresar al seminario e iniciar el camino sacerdotal.