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Monseñor Helizandro Terán confirió el diaconado a joven legionario de Cristo

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Francisco Tomás Borrero, legionario de Cristo, celebró junto a su familia y la feligresía merideña su ordenación diaconal, en una emotiva eucaristía presidida por el arzobispo de Mérida, monseñor Helizandro Terán Bermudez 

César Briceño/Pasante ULA

(15-09-2026) La Arquidiócesis de Mérida celebró la ordenación diaconal del hermano Francisco Tomás Borrero, miembro de la orden de los Legionarios de Cristo, nativo de la ciudad de Mérida y cuyo camino de formación se desarrolló entre Estados Unidos y Roma.

Entre los años 2019 y 2023, el nuevo diácono realizó sus prácticas apostólicas en Caracas, razón por la que decidió quedarse en el país y, especialmente, en su ciudad natal para recibir, de manos del arzobispo metropolitano de Mérida, las Sagradas Órdenes del ministerio diaconal. 

En una ceremonia solemne, en el día del Santísimo Nombre de María, celebrada en la Catedral Basílica Menor de la Inmaculada Concepción, el clero merideño y otros sacerdotes invitados se reunieron para orar por la vocación de Francisco Tomás. 

Durante su homilía, monseñor destacó la importancia que tiene para la Iglesia el ministerio de los consagrados, e invitó a los presentes a permanecer en oración por las vocaciones y por los ministros que entregan su vida al servicio de Dios. 

«Cuando se le confiere una orden sagrada a un hermano nuestro, representa mucho más que una alegría para la iglesia; es una bendición y una gracia sumar vocaciones al servicio de Cristo», destacó el arzobispo.

Además, reconoció las bondades del servicio del diaconado, que radica en servir a todos por igual, con especial atención a los más pobres y desfavorecidos, no solo materialmente, sino espiritualmente. 

Los pobres son el sacramento vivo de Cristo; por eso servir a ellos nos acerca mucho más al rostro de Cristo. En este servicio el hombre puede cristificarse, que no es otra cosa que alcanzar la estatura de Cristo, mediante la fe y las obras terrenales», afirmó monseñor. 

Dentro de la eucaristía, el joven legionario recibió la investidura diaconal y se unió a la celebración en primera fila, junto a monseñor, quien lo estrechó con los brazos abiertos en nombre de la Iglesia merideña.

La fe de María en el ministerio de los consagrados 

El nuevo diácono acompañó la consagración y repartió la sagrada comunión, para concluir con el mensaje de acción de gracias, donde dedicó unas sentidas palabras a su familia y a sus formadores.

«Quiero agradecer a Papá Dios que me creó y me llamó para servirle a Él. A Cristo, que cautivó mi corazón y motivó a mi familia para que me apoyaran en el momento en que sentí el llamado y la vocación, y a mi madre, que se desprendió de todo para formarme en la fe», expresó. 

Además, pidió a los presentes mantenerse en oración para que su ministerio dé abundantes frutos y esté guiado por el amparo amoroso de la madre del cielo, María Inmaculada, ejemplo de obediencia y fe absoluta. 

«Quiero servir a mi pueblo con la fe inquebrantable de María, quien dejó que el Espíritu Santo llenara su corazón y su vida. Su fe, le permitió traer a Cristo al mundo, y yo quiero que mi fe me ayude a llevar el mensaje de Cristo por todo el mundo», concluyó el diácono.

Con esta ordenación diaconal, la iglesia merideña se une jubilosa a los Legionarios de Cristo, por sumar un pastor nuevo que en los próximos meses será consagrado sacerdote de Cristo.