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La Iglesia merideña recibió con alegría a un nuevo presbítero durante la solemne celebración presidida por monseñor Helizandro Terán en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de Sabaneta de Tovar
Prensa Arquidiócesis de Mérida

(28-06-2026) En un ambiente de acción de gracias, la Arquidiócesis de Mérida celebró el domingo 28 de junio la ordenación sacerdotal del diácono Johan Manuel Molina Rodríguez, durante una solemne Eucaristía realizada en la parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Sabaneta de Tovar.
La celebración fue presidida por monseñor Helizandro Emiro Terán, arzobispo metropolitano de Mérida, y concelebrada por monseñor Luis Alfonso Márquez, obispo auxiliar emérito de Mérida, junto a numerosos sacerdotes del clero arquidiocesano, religiosos, seminaristas, familiares y fieles que acompañaron al nuevo presbítero en este momento trascendental para su vida y para la Iglesia merideña.
Al inicio de su homilía, el arzobispo expresó la alegría de toda la Iglesia particular por el crecimiento del presbiterio arquidiocesano. «Hoy como Iglesia merideña, nos sentimos felices y agradecidos a Dios nuestro Padre, pues será ordenado presbítero un hermano nuestro. Crece nuestro presbiterio y se perfila un futuro de esperanza para nuestra Arquidiócesis», afirmó.

Inspirado en la liturgia del día, monseñor Terán recordó que el Bautismo introduce al cristiano en una vida nueva y que el sacerdocio exige vivir plenamente esa configuración con Cristo.
Dirigiéndose al ordenando, señaló que el presbítero está llamado a pertenecer únicamente al Señor y a cultivar una profunda intimidad con Él.
«El sacerdote espiritual no es el que sabe mucho de Dios o habla bellamente de Él, sino aquel que se deja guiar por el Espíritu del Señor», expresó.
Asimismo, destacó que el ministerio sacerdotal debe tener siempre a Cristo como centro absoluto de la vida. «La gente debe poder recibirte como verdadero discípulo de Jesús; que todos puedan ver que el centro de tu vida es Cristo», exhortó.
Durante su reflexión también recordó que el sacerdote está llamado a vivir cercano al Pueblo de Dios, convencido de que esa cercanía fortalece la fidelidad a la propia vocación.
El arzobispo hizo además un llamado a todo el presbiterio a custodiar con autenticidad la identidad sacerdotal. «Hoy la Iglesia necesita ministros santos; no permitamos en nosotros un estilo de vida mediocre ni una imagen distorsionada de la identidad sacerdotal», afirmó.

Finalmente, animó al nuevo presbítero a abrazar con generosidad la cruz propia del ministerio y a confiar siempre en la protección maternal de la Virgen María.
Después de la homilía se desarrolló el solemne rito de la ordenación sacerdotal. El diácono Johan Manuel Molina manifestó públicamente su voluntad de ejercer fielmente el ministerio recibido y renovó sus promesas de obediencia al arzobispo y a sus sucesores.
Seguidamente, toda la asamblea invocó la intercesión de los santos mediante las Letanías, mientras el candidato permanecía postrado en señal de total entrega a Dios.
El momento central del rito fue la imposición de manos por parte de monseñor Helizandro Terán, gesto que posteriormente realizaron también los sacerdotes presentes, seguido de la oración consecratoria mediante la cual la Iglesia confiere el segundo grado del sacramento del Orden.
Posteriormente, las manos del nuevo presbítero fueron ungidas con el Santo Crisma como signo de su configuración con Cristo sacerdote Recibió además la patena y el cáliz, símbolos de la misión de celebrar la Eucaristía, y fue revestido con la estola sacerdotal y la casulla. Como signo de acogida al presbiterio arquidiocesano, recibió el abrazo de paz del arzobispo y de los sacerdotes presentes.
Al finalizar la celebración, el padre Johan Manuel Molina elevó un emotivo mensaje de gratitud, reconociendo que su vocación sacerdotal es fruto del amor misericordioso de Dios.

Agradeció especialmente a su madre por los sacrificios y el acompañamiento durante su proceso vocacional; recordó las enseñanzas del Santo Cura de Ars sobre la grandeza del sacerdocio y renovó públicamente su obediencia a Dios y al arzobispo de Mérida.
También expresó su agradecimiento al Seminario Arquidiocesano San Buenaventura, donde recientemente desempeñó el servicio como formador, a su equipo rectoral, a los seminaristas, a los padres eudistas responsables de su formación, así como a todas las comunidades, sacerdotes, familiares, amigos y fieles que hicieron posible su camino hacia el sacerdocio.
Con esta nueva ordenación sacerdotal, la Arquidiócesis de Mérida da gracias a Dios por un nuevo pastor llamado a anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos y servir con generosidad al Pueblo de Dios, fortaleciendo la misión evangelizadora de la Iglesia en este Año de la Espiritualidad.