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La fe y la solidaridad reconstruyen lo que el río se llevó

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A un año de la devastadora vaguada que afectó a la zona del páramo el 24 de junio de 2025, la Arquidiócesis de Mérida conmemora la fecha rindiendo homenaje a la resiliencia de sus habitantes. A través del testimonio de los afectados y del párroco de San Rafael de Mucuchíes, la Iglesia merideña destaca cómo el acompañamiento continuo de Cáritas y la fe inquebrantable de las comunidades han sido el motor para reconstruir hogares y esperanzas en medio de las dificultades que aún persisten

Prensa Arquidiócesis de Mérida

(24-06-2026) El 24 de junio de 2025 quedó marcado en la memoria colectiva del estado Mérida, especialmente en las comunidades de la zona del páramo. Ese día, la fuerza de la naturaleza se manifestó en una intensa vaguada que provocó el desbordamiento de ríos y quebradas, afectando severamente infraestructuras, vías de comunicación, viviendas y los principales sustentos agrícolas de la región.

A un año de aquellos momentos de angustia, la Arquidiócesis de Mérida evoca esta fecha no solo para recordar la adversidad, sino para testificar cómo la solidaridad comunitaria y la mano de Dios se convirtieron en el motor de la resiliencia andina. Las pérdidas materiales fueron incalculables, pero el espíritu de un pueblo arraigado en su fe permaneció intacto.

Un año de presencia y consuelo

Desde las primeras horas de la emergencia, la Iglesia merideña se desplegó en el territorio. A través de Cáritas Arquidiocesana, grupos de apostolados, sacerdotes, religiosas y feligreses comprometidos, la respuesta no se limitó a la contingencia inmediata.

El acompañamiento se ha extendido de manera ininterrumpida a lo largo de estos 365 días, llevando alimentación, atención médica, enseres y apoyo psicosocial y espiritual a las familias que lo perdieron todo.

Este esfuerzo sostenido ha demostrado que, en medio de las calamidades, la caridad organizada es el reflejo más puro del Evangelio en acción, transformando el dolor en esperanza y recordándonos que las dificultades son más llevaderas cuando se asumen en comunidad y bajo el amparo de Dios.

Voces de la resiliencia y la esperanza

«Al cumplirse un año de la vaguada, quedan los recuerdos, las enseñanzas y la experiencia vivida. Durante este año se ha visto la mano generosa, la solidaridad de las personas que se han unido desde la caridad para mitigar el impacto (…) las secuelas que dejó la vaguada siguen presentes hasta el día de hoy; sin embargo, el ánimo y la fe se convirtieron en la fuerza de levantarse», señala el padre Guzmán Contreras, párroco de San Rafael de Mucuchíes y quien estuvo al frente, desde el primer momento, de la organización y logística que permitiera atender a las comunidades afectadas.

La presencia de la Iglesia ha sido clave a través de Cáritas, de las personas generosas, de los grupos de apostolado y de personas de buena voluntad movidas por ese amor a Dios y al prójimo.

«Todavía quedan muchas cosas por hacer a nivel de infraestructura; las vías continúan aún en mal estado; la presencia de los entes gubernamentales ha sido también gradual. Y bueno, agradeciendo a Dios por todo el bien, extendiendo nuestras palabras de agradecimiento a cada persona que salió de su casa para extender su mano a quien tanto lo necesitaba», finalizó el sacerdote.

Por su parte, Arelys Villarreal agradece a Dios porque, a pesar de haberlo perdido todo durante la vaguada, hoy puede estar tranquila: «Lo que perdí en ese momento, hoy se me multiplicó, tengo mi casa, mi familia está completa y pudimos reconstruir nuestros sueños que, por un momento, sentimos perdidos. Hoy, después de un año, agradezco no solo a Dios, también a todas aquellas personas que nos echaron la mano con comida, con ropa, con cobija».

Agregó Villarreal, en medio de lágrimas, que la tristeza que sintió al tener que despedirse del hogar que por años construyó, hoy se convierte en gozo porque, gracias a muchas amistades, pudo levantar un nuevo hogar.

Asimismo Mayerlin Sánchez, quien para el momento de la vaguada vivía en el sector Camino Real de Apartaderos —una de las zonas más afectadas del municipio Rangel—, recuerda con nostalgia cómo, en medio de la desesperación, reclamaron a Dios por las pérdidas que generaron las fuertes lluvias.

«En ese momento no nos dimos cuenta del propósito de Dios. Hoy, a un año de la vaguada, aunque siguen las carencias y muchos seguimos esperando por respuestas, la fe nos ha mantenido de pie», testificó Sánchez.

Un camino por recorrer

Después de doce meses, la realidad del páramo sigue exigiendo atención. Los muros de contención en los márgenes de los ríos y la rehabilitación total de las carreteras principales siguen siendo tareas pendientes que avanzan de forma paulatina.

La Arquidiócesis de Mérida reitera su compromiso de seguir caminando junto a los habitantes del páramo. Las heridas en la tierra y en las carreteras tardarán en sanar, pero la infraestructura de la fe y la fraternidad sigue firme, demostrando que el río pudo haberse llevado cosechas y caminos, pero jamás la voluntad de un pueblo que confía en Dios.

Para conmemorar la fecha, el padre Guzmán Contreras ofició una santa misa en la iglesia de San Isidro, en Apartaderos, donde además los feligreses adoraron al Santísimo Sacramento, el cual recorrió en procesión gran parte de las zonas afectadas por las lluvias del 24 de junio de 2025, renovando la bendición y la esperanza en los hogares del páramo.