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La celebración, presidida por el Excelentísimo Monseñor Helizandro Terán Bermúdez, Arzobispo Metropolitano de Mérida, se convirtió en un testimonio de fe que une la historia arquitectónica de la ciudad con la vitalidad espiritual de su pueblo
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(12-05-2026) En un ambiente de profunda gratitud y fervor cristiano, la comunidad merideña conmemoró el sexagésimo sexto aniversario de la Solemne Consagración y Dedicación de la Catedral Basílica Menor a la Inmaculada Concepción.

La festividad se llevó a cabo en el contexto del Año de la Espiritualidad que vive la Arquidiócesis. La organización estuvo a cargo de los movimientos de apostolado de la Parroquia El Sagrario, quienes, junto a una numerosa concurrencia de fieles, llenaron el recinto sagrado para manifestar su alegría por este aniversario eclesial.
Durante la homilía, Monseñor Helizandro Terán destacó que esta fecha no es solo el recuerdo de un edificio, sino la celebración de toda la comunidad arquidiocesana unida bajo el manto de María, Madre Inmaculada.
«La Catedral es el signo visible de la Iglesia viva, edificada con piedras escogidas y preciosas en Cristo, el Señor, quien es nuestra piedra angular. Cada vez que cruzamos sus puertas, entramos en comunión con Dios y recordamos que nosotros mismos somos las piedras vivas que conforman esta casa espiritual», expresó el prelado, evocando las enseñanzas del Apóstol Pedro.
Memoria histórica y esfuerzo compartido
La construcción de la majestuosa estructura, realizada entre los años 1945 y 1960, fue recordada como una gesta heroica de unidad civil y religiosa. Este esfuerzo titánico fue posible gracias al impulso del segundo Arzobispo de Mérida, Monseñor Acacio Chacón Guerra, y contó con el apoyo fundamental de las autoridades, comerciantes, empresarios y el aporte generoso del pueblo merideño.

Fue precisamente el 12 de mayo de 1960 cuando se llevó a cabo la histórica ceremonia de Consagración y Dedicación, presidida en aquel entonces por el Arzobispo Coadjutor, Monseñor José Humberto Quintero, quien posteriormente se convertiría en el primer Cardenal de Venezuela.
Restauración para el futuro
Actualmente, la Arquidiócesis de Mérida celebra este jubileo en medio de un importante proceso de restauración del templo. Estas labores buscan no solo preservar la belleza estética y arquitectónica del monumento, sino garantizar que la Catedral siga siendo el faro espiritual de la región.
Esta efeméride reafirma el compromiso de la Iglesia merideña de seguir construyendo el Reino de Dios, manteniendo viva la herencia recibida y fortaleciendo el sentido de pertenencia hacia su sede episcopal, la casa de todos los fieles.