Visitas: 0
La comunidad celebró sus fiestas patronales con una multitudinaria peregrinación, confirmaciones, actividades culturales y la tradicional procesión con la réplica del Santo Cristo, reafirmando una devoción centenaria que reúne cada año a fieles de distintos lugares
Prensa Arquidiócesis de Mérida
(06-08-2026) El jueves 6 de agosto, en la fiesta litúrgica de la Transfiguración del Señor, la parroquia Santo Cristo de Aricagua celebró con gran solemnidad el día de su santo patrono, una de las manifestaciones de fe más representativas de la Arquidiócesis de Mérida, que cada año congrega a miles de peregrinos que llegan para agradecer favores recibidos, cumplir promesas y encomendar sus vidas a Cristo Crucificado.

Las celebraciones estuvieron precedidas por una intensa preparación espiritual. Durante los días de la novena, la réplica de la imagen del Santo Cristo recorrió las distintas comunidades de la parroquia, llevando un mensaje de esperanza y fortaleciendo la fe de las familias.
Asimismo, el 4 de agosto se realizó una velada cultural acompañada de una serenata en honor al patrono, mientras que el 5 de agosto varios jóvenes recibieron el sacramento de la Confirmación, como parte de las festividades patronales.
La celebración central fue presidida por monseñor Helizandro Emiro Terán Bermúdez, arzobispo metropolitano de Mérida, y concelebrada por el padre José Juan Flores, párroco de Aricagua, junto a sacerdotes de la Arquidiócesis.
En su saludo inicial, el arzobispo dio la bienvenida a los numerosos peregrinos que, desafiando las largas distancias y los caminos montañosos, llegaron hasta el santuario para venerar al Santo Cristo.
Durante su homilía, monseñor Helizandro destacó que la coincidencia entre la fiesta de la Transfiguración del Señor y la solemnidad del Santo Cristo de Aricagua ofrece una profunda enseñanza para la vida cristiana.

Explicó que el episodio evangélico de la Transfiguración constituye un anticipo de la Resurrección y recuerda que el sufrimiento nunca tiene la última palabra para quien permanece unido a Cristo.
«Jesús les muestra a sus discípulos, y hoy también a nosotros, que la meta de nuestra vida no es el desánimo por el dolor ni el sufrimiento. La Transfiguración nos enseña que estamos llamados a ser transformados por la luz de Cristo y que la última palabra sobre nosotros es la vida», afirmó.
El arzobispo invitó además a los fieles a escuchar la voz del Señor, siguiendo el mandato del Padre: «Este es mi Hijo amado, escúchenlo», señalando que escuchar a Cristo implica vivir el Evangelio, acercarse al hermano que sufre, construir la paz, practicar la misericordia y hacer de la oración un verdadero encuentro con Dios.
Al contemplar la imagen del Santo Cristo, Monseñor recordó que la auténtica devoción no puede limitarse únicamente a las expresiones externas de religiosidad. «Nuestro amor por el Santo Cristo no puede quedar reducido solamente al pago de promesas, a mandar a celebrar misas o rezar oraciones. El verdadero amor a Cristo debe reflejarse en una vida conforme al Evangelio», expresó.
También agradeció el legado de los misioneros agustinos, quienes llevaron la fe a estas montañas y sembraron una devoción que continúa viva generación tras generación.

Al finalizar la celebración eucarística, el padre José Juan Flores agradeció a todas las personas e instituciones que hicieron posible el desarrollo de las fiestas patronales, destacando el trabajo de los servidores, voluntarios, organismos de seguridad, grupos parroquiales y fieles que colaboraron en cada una de las actividades realizadas durante la novena y los días centrales de la celebración.
Seguidamente, el Consejo Parroquial hizo entrega a Monseñor Helizandro Terán de un reconocimiento por su cercanía pastoral y el acompañamiento permanente a la comunidad de Aricagua y a las parroquias de la Arquidiócesis.
La jornada concluyó con la tradicional procesión de la réplica del Santo Cristo por las calles del pueblo, una de las expresiones más significativas de estas fiestas patronales. Entre cantos, oraciones y manifestaciones de profunda fe, los peregrinos acompañaron la imagen, renovando sus promesas y confiando al Crucificado sus alegrías, necesidades y esperanzas.